Paolo Sorrentino, director italiano ganador del Oscar y su nueva película “La Grazia”: “Todos tenemos nuestras razones para ser personas miserables”

El cineasta italiano Paolo Sorrentino –ganador del Oscar por “La gran belleza”– llega a hoy a Mubi con su última película: “La Grazia”, una obra que se adentra en los dilemas complejos que enfrenta un presidente ficticio, interpretado por Toni Servillo.

A medida en que su mandato llega a su fin, el presidente Mariano De Santis se enfrenta a una serie de resoluciones límite: conceder o no el indulto a dos personas culpables de asesinato, y firmar –o rechazar– una controvertida ley sobre la eutanasia. No se trata solo de decisiones institucionales, sino de conflictos personales atravesados por su fe, su rol como padre y su propia noción de responsabilidad.

En ese proceso, el presidente busca respuestas en su círculo más íntimo, especialmente en su hija Dorotea, con quien establece un diálogo que trasciende lo político para instalarse en lo existencial. La gran pregunta que guía la historia es “¿Quién es dueño de nuestros días?”.

Fiel a su estilo, Sorrentino construye una experiencia visual y sensorial envolvente, con una estética poética y una banda sonora que potencia la carga emocional, donde los dilemas morales son el motor central.

Los dilemas actuales y las figuras públicas de la actualidad

En un contexto donde –según el propio director– la ética parece volverse difusa o instrumental, la película reivindica su peso. “La ética es algo serio. Sostiene el mundo”, son las palabras que utiliza Sorrentino en una conversación con periodista de Latinoamérica, incluido The Clinic, mientras reconoce el aspecto moral en el que se centra el filme.

–¿Tú enfrentas estos conflictos como cineasta?

–No. Decido hacer una película solo cuando tengo claro que no existen esos conflictos; de lo contrario no la hago. Para mí, la película, así como el cine, es un juego. Y para hacer un juego tengo que divertirme. Para divertirme no debe haber conflictos ni dilemas: debo ser libre de jugar dentro de ciertas reglas, que están dadas por el dinero que tengo disponible.

En cuanto a los dilemas que enfrenta Mariano Di Santis, la película ofrece una mirada íntima de lo que ocurre cuando las puertas de la casa del presidente se cierran, mostrando la versión privada de quien ejerce el poder.

–”La Grazia” muestra la distancia entre la imagen pública y la personal del presidente. ¿Crees que deberíamos ser más conscientes de ese aspecto?

–Absolutamente, sí. Es algo que los políticos han subestimado durante mucho tiempo, pero ahora empieza a hacerse evidente. Por ejemplo, Donald Trump lo muestra muy bien: es alguien con pocos filtros entre lo que es y lo que aparenta, y eso deja en evidencia lo peligroso que puede ser elegir líderes con problemas personales serios, infantiles, vengativos u oportunistas.

En conversación con The Clinic, Sorrentino señaló que, durante mucho tiempo, numerosos políticos lograron ocultar su verdadera personalidad tras una máscara, lo que les permitía engañar con facilidad a la ciudadanía. En la actualidad, en cambio, existen figuras que ya no consiguen disimularlo, lo que pone en evidencia lo fácil que puede ser equivocarse al elegir a quienes ejercen el poder, sobre todo cuando “sus conflictos personales terminan influyendo en decisiones que afectan a toda la comunidad”.

El peligro de hacer juicios y la invitación a los espectadores

El director también reflexiona sobre la relación del espectador con la historia. Sorrentino señala que él no hace cine para sacar una reacción del público. “La película se termina cuando termino de editarla”, reconoce el cineasta, quien hace años dejó de preocuparse por las opiniones del audiencia para protegerse a sí mismo.

Sin embargo, Sorrentino también hace una película que deja mucho que pensar, donde le propone al público cuestionar las acciones que debe tomar Mariano De Santis pero también da una oportunidad de entender las razones detrás de estas decisiones.

–La película invita a observar en lugar de juzgar al presidente, ¿crees que esto puede ayudar al público a reflexionar sobre sus propias acciones?

–Sí. La película insiste en que no hay que juzgar rápidamente, que hay que tomar distancia del presente. Hoy está compuesto por personas que juzgan muy rápido, y los juicios rápidos siempre resultan peligrosos, imprecisos y muchas veces falsos. Dentro de lo posible, uno debería solo observar, ni siquiera juzgar. Porque todos tenemos nuestras razones para ser personas miserables.

Fuente The Clinic

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