“Ya está ocurriendo”: Ecóloga Olga Barbosa advierte cómo el cambio climático está afectando el sabor de los vinos chilenos

Cuando la ecóloga Olga Barbosa comenzó a trabajar con viñas chilenas hacia 2008 imperaba en el sector agrícola la idea de que la vegetación nativa competía con los cultivos, quitaba agua y favorecía plagas. En muchos predios, los árboles eran escasos, los bosques nativos quedaban arrinconados y la biodiversidad se veía como un lujo, un costo o una restricción. Ahora, esa mirada cambió.

En conversación con The Clinic, Barbosa recuerda que “cuando partí el estudio pensé que iba a ser más difícil encontrar estas áreas bastante prístinas. En lo primero, desde el punto de vista paisajístico, eso fue lo que más me llamó la atención y fue entonces súper claro que era un proyecto súper importante de hacer. Lo otro que me impresionó es la apertura y la valorización de manera, como por decirlo más informal, de parte más de las personas que de la compañía respecto de estos espacios. Impresionó mucho que había una valorización más que desde el punto de vista como agronómico o digamos de servicio ecosistémico, que es como nosotros lo vemos como de los beneficios que podría generar el cultivo”.

“Me impresionó mucho que había un valor como espiritual y en algunos casos incluso relacionado con la religión. Ya como hasta un valor como se le asociaba al bienestar emocional de las personas que trabajan ahí. Entonces había de todo. Como el interés por estos espacios era como de todo menos ecología en sí misma, que para mí era algo como súper impresionante en ese momento. Ahora ya no lo es tanto porque entiendo de la manera más global. Pero al principio es otra como sorpresa, como que te chocó. Pero me chocó para bien, me abrió los ojos como investigadora“, añade.

A juicio de Barbosa, todas las empresas dependen de la biodiversidad y la impactan, pudiendo ser agentes de cambio positivo. Precisamente es una de las principales conclusiones del Informe IPBES12 donde se destaca que todas las empresas dependen de la naturaleza “y que sí es posible desarrollar una economía robusta teniendo a la naturaleza como aliada. Ninguna actividad económica está completamente separada de los ecosistemas y de los servicios que estos proveen”.

El cambio en el sabor del vino

—¿El cambio climático está afectando o podría afectar el sabor y la calidad de los vinos chilenos?

—Sí, tremendamente, ya está ocurriendo y esto fue descrito el año 2008. Por ejemplo, Australia ya tenía una estrategia que iba desde los cambios que había que hacer en el cultivo hasta estrategias de marketing por el cambio de las condiciones del vino que eventualmente no iban a poder ser corregidas (…) En el campo, algunas de las cosas que uno ve es que hay olas de calor. Hay días que la temperatura alta porque las uvas aquí y lo determinante para saber cuándo hay que cosechar y para que la uva madure de manera adecuada, se contabilizan, le llaman como días-grado. En el fondo, cuántos días estuvo la temperatura ‘mayor a’.

El punto es que aquí se tienen muchos días seguidos de una temperatura extremadamente alta y eso hace que la uva madure muy rápido. Es decir, produzca azúcar y esa es la azúcar que después se va a transformar en alcohol durante la fermentación. Por lo tanto, una de las cosas que uno empieza a ver es que empieza a tener vinos muy alcohólicos, con un alto grado de alcohol y con mayores grados de acidez. Por otro lado, este año cosechamos de las viñas en la zona de Valparaíso y San Antonio a mediados de febrero y después teníamos otro experimento en el valle de Colchagua. Usualmente debiéramos haber tenido al menos tres meses entre medio, y no, tuvieron que cosechar en marzo. Entonces también cuando tú tienes una viña, se te complica porque empieza a madurar todo al mismo tiempo.

También ocurrió otra cosa que tiene que ver con este cambio climático y con los sabores. Cada vez están ocurriendo más incendios. Obviamente se te puede quemar la viña y toda tu área de ecosistema, pero si eso ocurre en el período previo a la cosecha la uva queda con un olor y sabor a ahumado. El humo se pega en la piel y traspasa hacia adentro. Tenemos muchos desafíos que hay que abordar, y todos esos desafíos se pueden abordar solamente si hacemos ciencia.

Convivir con la naturaleza

—¿Qué errores crees que ha cometido históricamente la agricultura chilena en relación al entorno?

—Más que el error, tienen una contradicción histórica muy grande. De alguna forma, cualquier persona que trabaja en agricultura entiende el valor de los procesos biológicos en el ecosistema. Sin embargo, desde lo que ha ocurrido históricamente en Chile, que es degradar básicamente o eliminar ese ecosistema natural hasta también en el discurso que cuando uno escucha: ‘Le gané a la naturaleza, le gané al cerro’. Más que plantear que se necesita convivir e incluso valorar este ecosistema porque está súper probado que trae beneficio a la agricultura.

—¿Por qué crees que existe esa idea que la biodiversidad es como un problema?

—Creo que tiene que ver con el modelo económico. Siempre se ha basado en la competencia y en la dicotomía. En el fondo, todo se ha basado en la competencia y no en la colaboración. De hecho, es parte de la discusión que tenemos en biología, como que decimos cómo evolucionan las especies a través de la competencia Darwin, pero nunca hablamos de el otro mecanismo de evolución que tiene que ver con la cooperación de Lynn Margulis, por ejemplo. Entonces eso mismo se ve en la sociedad, porque en el fondo esta teoría ecológica también permea en la sociedad, entonces siempre está esta dicotomía.

Chile tiene mucha oportunidad y por eso hacemos este proyecto que en el fondo es algo emblemático para la agricultura. Nosotros trabajamos con la viticultura, pero esto extensible a toda la agricultura porque en el fondo la agricultura está determinada como uno de los impulsores mayores de extinciones masivas, más que las ciudades. Es algo que hay que abordar. Entonces, siento que eso es algo importante de cambiar. La ventaja que tenemos en Chile es que tenemos un montón de vegetación nativa. No todos los ambientes están degradados.

—¿Qué crees que fue lo que terminó convenciendo a las viñas que conservar los bosques y la fauna era beneficioso?

—Creo que fueron dos cosas. Primero, la presión externa que tenía que ver con que los mercados internacionales estaban impulsando cambios en prácticas. Había una presión de mercado internacional y como el vino se exporta como un 70%, en el fondo estaba la idea y no parecía algo absolutamente loco. Pero por otro, creo que el trabajo que hemos hecho en conjunto es muy importante, valorable.

No solamente es la ciencia que hemos hecho, sino que también la ciencia que hemos hecho con ellos. Entonces, la valoración de la ciencia en la sociedad. Sabemos que es súper importante el hecho de lograr demostrar con evidencia, por ejemplo, la importancia de una práctica. En este caso, la conservación del bosque.

Hay una práctica bien arraigada en California, donde Chile mira mucho, que es poner casitas de aves en la mitad del viñedo porque eso atrae aves que son insectívoras. Nosotros en vez de siempre decir ‘hay que copiar lo que ocurre en otro lado, que el sistema es parecido’. Dijimos bueno, probemos si son tan efectivas para la depredación de insectos. Nos dimos cuenta que esas casitas de aves son importantes para lugares en el viñedo donde no hay árboles. También hay corredores biológicos que son como estas líneas, como una especie de chorreo de bosque y matorral que baja desde las áreas de conservación. En esos lugares viven aves de manera natural. Entonces, si tú tienes un árbol y tienes esa vegetación las aves ya viven ahí. No vale la pena que pongas una casita de pájaro.

—¿Qué medidas han logrado que tomen las viñas?

—Los corredores biológicos. La gente pensaba que los tenían en las viñas, pero la forma en cómo lo habían implementado no era correcta y no eran efectivos. Eso fue algo que logramos cambiar rápido y les hizo mucho sentido. Otra cosa con la que partimos fueron las islas de vegetación. Habían viñas que eran solamente viñas como monocultivo, por ejemplo, cuando cambiaban algunas parras que habían disminuido su productividad en vez de cultivar el 100% ese bloque dejaban esquinitas para volver integrar la biodiversidad en el viñedo.

Lo bueno es que las viñas que trabajaban con nosotros eran parte de Vinos de Chile en ese momento y fueron esas viñas las impulsoras de que Vinos de Chile integrara estas prácticas de conservación en su código de sustentabilidad. Nunca depende solo de nosotros. Nosotros pusimos la evidencia, nosotros trabajamos con ciertas viñas y fueron las viñas las que traspasaron esto a la asociación gremial.

Olga Barbosa: “Que Chile invierta en Ciencia nos permite tener independencia”

—Teniendo en cuenta que el gobierno anunció una serie de recortes ¿Hay temor en que se queden sin financiamiento? ¿Hay una falta de apoyo para seguir con estas iniciativas?

—Sí, sin duda, obviamente que sí. Cuando en Chile uno hace ciencia hay cosas que son grandes inversiones, como los equipos. Nosotros usamos muchas metodologías que tienen que ver con secuenciación de DNA, por ejemplo. Esos son equipos caros, que las empresa no necesariamente le es rentable comprar. El que Chile invierta en ciencia nos permite tener independencia respecto a qué cosas nos preguntamos. Hay cosas que nos podemos preguntar hoy en día que quizás no parece que fueran de una aplicación inmediata, pero que en el fondo son una aplicación en el futuro.

Durante la pandemia me tocó trabajar harto en ese tema. El covid es un virus que es pariente muy cercano de otro virus que tienen las aves y eso se había estudiado mucho, por ejemplo en el Humedal del Río Cruce. ¿Eso qué implicó? Que cuando nos tuvimos que poner las pilas para poder desarrollar metodologías para detectar el Covid, ya había una parte de la investigación súper avanzada y eso porque se estaba estudiando otra cosa que no se le veía que tuviera una aplicación directa. Entonces a nosotros nos implicó tener una cierta soberanía y autonomía respecto de cómo instalábamos todos los laboratorios. Por ejemplo, para hacer PCR y poder, en el fondo, tener esa cantidad de exámenes que fuimos entre el primer y el segundo país de todo el mundo que tenía ese nivel de cobertura de exámenes.

Hay situaciones que son solamente desarrolladas en Chile. Las preguntas que nosotros nos hacemos como investigadores en Chile tienen ciertas temáticas que son relevantes para Chile no más. Cuando eso lo quieres transformar en una práctica, o en una solución, no va a ser una solución país si esa investigación se desarrolló en el hemisferio norte.

—¿Por qué crees que no se toma la decisión de llevar el conocimiento del país hacia afuera?

Porque Chile ha tenido su economía basada en la explotación de recursos naturales. Si eso está tan asegurado, entre comillas, ¿Para que mirarían otra cosa? En el fondo, el sistema económico sigue mirando los target a corto plazo. No es de maldad eso, en realidad uno ve que todos los incentivos en el sector financiero, en el sector corporativo interno, hasta en los gobiernos, son metas a corto plazo. En el fondo, la economía, por ejemplo, las empresas, tienen una visión a corto plazo. En Chile, por ejemplo, tenemos los periodos presidenciales y ¿Qué vemos? que entra un gobierno borra todo lo que hizo el anterior.

Nunca estamos mirando esta visión país, lo cual yo lo encuentro terrible. Claramente así no vamos a avanzar y vamos a seguir cómodos con un modelo económico de explotación de recursos naturales que a todas luces ya sabemos que no es sostenible. Eso está descrito en todas partes del universo a nivel global. Hay civilizaciones completas que han desaparecido por depender solamente de los recursos naturales. Ahora súmale que además estamos en esta crisis global de biodiversidad y cambio climático.

“Comprendemos el valor de los humedales, no así como de bonito nomás”

—¿Por qué crees que las autoridades toman esta postura de querer cumplir rápido sin pensar en las consecuencias, como en el caso de los humedales?

—Nadie se atreve a desafiar el sistema. Ningún gobierno se atreve a desafiar el sistema y dejarlo a largo plazo. Porque en el fondo también aquí detrás está la política como partidista, la política de los bandos. Quizás una potencial solución sería tener más puestos en el Estado que sean permanentes. No que cambien de gobierno a gobierno. Entiendo lo de la eficiencia, pero reducir el Estado es un error gigantesco. No permite tener política a largo plazo y va a depender de los vaivenes de otros sectores. Eso no es justo.

Trabajo con viñas hace 17 años, pero también en el mismo periodo tengo otra línea de investigación con los humedales. Tiene que ver con hacer preguntas científicas para entender el ecosistema y generar soluciones. Yo llevo el mismo tiempo trabajando con diversas autoridades en Valdivia, hemos tenido dos alcaldes. Hoy en día Valdivia es la ciudad humedal, comprendemos el valor de los humedales, no así como de bonito nomás. Yo tengo investigaciones que demuestran dónde se va a inundar y dónde no se va a inundar y cuál es el aporte de los humedales al plan maestro de aguas lluvia. No es que yo dije ‘ay no, si los humedales son lindos, preciosos’. No, nosotros modelamos esos resultados, el ciclo hidrológico de la ciudad, contabilizando lo que existe hoy en día en infraestructura y eso es algo que hemos podido hacer porque uno genera esta relación a largo plazo y porque en el fondo aquí, quizás porque en la región es chica, uno se va conociendo.

Cuando estás trabajando con una autoridad en ese periodo, esa autoridad antes estaba en la universidad o estaba en otro cargo. Entonces, uno empieza como a poder mantener esos trabajos y comunicación a largo plazo. En el caso de las viñas, que es el sector privado, las hemos podido mantener porque tenemos este financiamiento que nos permite seguir trabajando con ellos y de esta buena forma. Entonces las cosas a largo plazo son importantes, al final entregan soluciones súper atingentes, efectivas y perdurable en el tiempo.

Fuente The Clinic

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