Pamela Maercovich, psicóloga y autora del libro “Alimentación emocional”: “Fui viendo que las personas se comían la emoción más que sentirla”

“Alimentación emocional. Sana tu relación con la comida”. Ese es el nombre del libro de la psicóloga Pamela Maercovich, quien decidió volcar todos sus conocimientos sobre el tema y plasmarlos en casi 400 páginas. Esto, con el objetivo de servir de guía para aquellas personas que necesitan sanar su relación con la comida.

Se trata de un libro que busca ser una guía práctica sobre qué hacer con cada emoción detrás del impulso de comer sin tener hambre.

En conversación con The Clinic, Maercovich explica que su motivación para crear este libro era plasmar todos sus conocimientos del tema. “Quería condensar todo este conocimiento que enseño en un libro y ahí nació el proyecto. Sentí que en algún punto también tenía que consolidar, reunir lo que fui descubriendo, porque es algo que siento como que no viene de un manual o de una teoría”, plantea.

En la universidad nunca me enseñaron estos temas en la carrera y donde veía como que no encontraba las cosas que yo estaba descubriendo que estaban pasando en la práctica. También las mujeres iban haciendo un proceso muy bonito de ir avanzando en su relación con la comida y con su cuerpo. Empecé también a descubrir que cuando iban avanzando era porque había un cambio más interno”, recuerda.

Carlos Rodríguez – The Clinic

La alimentación emocional

—En el libro se habla mucho de casos de mujeres ¿Es algo que igual le pasa a los hombres o les ocurre en menos medida?

—Creo que les pasa distinto. Por ejemplo, nosotros tenemos la imagen icónica de Bridget Jones que se peleó con su pareja y se pone frente al televisor comiendo helado de chocolate. Un hombre no haría eso, quizás iría a un bar, se tomaría un copete o le diría a un amigo que hagan un asado. Hay distintas formas de enfrentar el mismo problema. A veces las mujeres tenemos más esto de buscar alimentos que sean reconfortantes, como la mezcla de grasa con azúcar, o un helado. Por otro lado, el hombre puede que coma más carne o le dé más al alcohol. Creo que el sentimiento se manifiesta de una forma distinta.

Hay válvulas de escape que, de pronto, son distintas en los hombres y en las mujeres. También hay una distinción importante, por eso hay capítulos también que hablan de la herida de lo femenino, la relación con el cuerpo de la mujer y las etapas hormonales. Por ejemplo, la menstruación, la menopausia, el embarazo. Porque el cuerpo de la mujer va viviendo varias transiciones, varios duelos también con la imagen corporal. Muchas veces eso desemboca trastornos alimentarios en la adolescencia cuando salen las pechugas, las caderas, todo eso, en el embarazo cuando el cuerpo cambia, en la menopausia cuando también cambia. Entonces creo que hay un tema también biológico distinto en las mujeres.

Otro tema es que la sociedad no le exige al hombre la imagen perfecta. A veces está esa imagen de una mujer estupenda con un hombre gordo y pelado, pero que tiene plata. Para el hombre a veces es el poder y para la mujer es la belleza. De cierta forma, los hombres tienen permiso para no ser perfectos en la sociedad. Ahora por ejemplo, siento que hay menos permiso para las mujeres para envejecer.

—¿Cómo le explicarías a alguien, de manera sencilla, qué es la alimentación emocional y qué puede esperar al comprar tu libro?

—Creo que lo más fácil para reconocerse es hacerse la pregunta “¿He comido sin hambre? “¿He comido por ansiedad?”. Pasa que la gente reconoce la ansiedad alimentaria como una expresión de hambre emocional. El hambre emocional es comer por una emoción, entonces, lo primero es darme cuenta que no estoy comiendo por hambre física, donde no hay una necesidad real de nutrientes.

Cuando comemos, no porque tengamos el estómago vacío ni porque nos falten nutrientes, pero estamos buscando comida y no podemos parar de comer muchas veces y sentimos que estamos tratando como de calmar algo que no necesariamente es hambre. Eso generalmente se le llama el hambre emocional, es comer por una emoción. Fui viendo que las personas se comían la emoción más que sentirla.

Desde la clave interna, primero es bueno diferenciar qué es una sensación y qué es una emoción. Porque sensación, emoción, pensamiento, como sensación física, es una señal del cuerpo. La emoción o sentimiento vendría a ser como un lenguaje más de la mente, el corazón y pensamientos como contenido mental. También es lo que yo voy enseñando, cómo bucear en tu mundo interno, a dónde prestas atención cuando miras en tu interior si quieres como romper un piloto automático.

El hambre emocional es cuando no te quedas tranquilo hasta que lograr tenerlo y lo único que piensas después es “¿cómo lo hago ahora?”. Es como cuando se llama a un delivery. Lo que está detrás de ese impulso, lo que se dice como desde el trabajo con la atención plena, el mindfulness, es como la necesidad de tapar con urgencia eso que estamos sintiendo. Uno va enseñando cómo surfear este impulso, pero creo que sería interesante preguntarse también “Cuando no tengo hambre, dónde está mi atención”. Entonces lo que uno va entrenando es cómo volver la atención al cuerpo una y otra vez.

—¿Cómo los padres pueden notar que sus hijos no se están relacionando sanamente con la comida?

—Muchas veces, las personas que he acompañado que tienen un tema de sufrimiento corporal y alimentario, vienen de padres que ellos mismos tenían temas con la comida no reconocidos. Lo primero es darse cuenta si yo como papá o como mamá estoy dando mensajes saludables en relación a la alimentación y el cuerpo. Cuando no tengo temas resueltos, voy a traspasar porque cuando yo no tengo temas resueltos, voy a traspasar eso a mis hijos, porque los niños aprenden por modelaje, por lo que observan. Muchas veces, las mujeres que yo acompañaba tenían a una mamá con anorexia no tratada o con otro trastorno alimenticio. En el libro hablo de las almond mom, que es todo este patrón de restricción.

Al final la alimentación no es importante realmente, la alimentación es un medio para lo que nos da sentido en la vida, para amar, para trabajar, para vivir una vida valiosa. Entonces cómo puedo tener una alimentación que me permita estar en equilibrio para poder dedicarme a lo importante, que es lo que se pierde en todas estas presiones estéticas o las dietas restrictivas, etc.

Comer juntos es muy saludable para los niños, que las familias tengan ritos de comer juntos, que se ha perdido mucho. Además de que hayan estos alimentos que te decía para los hambres corporales y además que también puede haber un espacio de gozo. Por ejemplo, los fines de semana comer cosas ricas, pero no buscar la perfección de no comer azúcar, de no enviar a los hijos a cumpleaños.

Fuente The Clinic

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