La revelación que empresas de IA destruyen libros impresos para digitalizar su contenido reabrió el debate sobre los límites éticos del entrenamiento de algoritmos, el valor del patrimonio bibliográfico y el costo material del desarrollo de la inteligencia artificial.
Guy Montag es un joven bombero que vive en un futuro más bien distópico en donde no apagan incendios, sino que usan el fuego y todos sus recursos para quemar libros. Esto, porque fomentan el pensamiento crítico de la sociedad. Ese es el argumento de la novela “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury. Muchos pensarían que ese argumento estaría muy, muy lejos de la sociedad, pero al parecer las empresas de Inteligencia Artificial (IA) están haciendo un trabajo parecido al de Montag.
En los últimos días se conoció que distintas empresas de IA comenzaron a comprar libros físicos (y en su mayoría catalogados como “raros”) para alimentar el algoritmo de sus chatbots para luego destruirlos.
Según información publicada por The Washington Post, los ejecutivos de la startup Anthropic desarrollaron el “Proyecto Panamá” que buscaban mantener en secreto. “Es nuestro esfuerzo por escanear de manera destructiva todos los libros del mundo“, señalaba un documento de planificación interna que se dio a conocer. “No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”.
La investigación detalla que en un año la empresa gastó millones de dólares para comprar un sinfín de libros para escanearlos y alimentar a su Inteligencia Artificial. El hecho se dio a conocer luego que se presentara una demanda por derechos de autor en contra de la empresa, la que aceptó pagar 1.500 millones de dólares para llegar a un acuerdo.
Proyecto Panamá: la quema moderna de libros
En la causa se explica que según un documento, fechado en enero de 2023, el cofundador de Anthropic planteó la idea de comprar los libros para entrenar a la IA para “escribir bien” y consideraban que era una estrategia esencial para competir contra las otras empresas de IA.
Sin embargo, en la publicación se afirma que Anthropic, Meta y otras empresas buscaron la manera de adquirir libros de forma masiva y sin el conocimiento de sus autores, lo que incluyó la descarga de copias piratas.
En el marco del Proyecto Panamá de la empresa de IA, se consideró comprar libros a bibliotecas y librerías de segunda mano e incluso se discutió la posibilidad de dirigirse a la Biblioteca Pública de Nueva York. Ésta última fue consultada por el medio estadounidense sobre una posible venta de libros, pero no respondieron a dicha solicitud.
Finalmente, Anthropic compró millones de libros que terminaron siendo escaneados y el plan de la empresa era, una vez finalizada la tarea, destruirlos.
Meta pirata
En la demanda presentada por derechos de autor, se acusa que Meta también consideró comprar libros para entrenar a su IA. Sin embargo, optaron por la opción más “barata”: bajar millones de libros pirata a través de distintas plataformas, entre ellas torrents. Esta situación puso incómodos a varios de los trabajadores, en donde un ingeniero aseguró que “descargar torrents desde una computadora portátil corporativa no parece correcto”.
En un extracto de una conversación de trabajadores se lee lo siguiente:
- Empleado de Meta A: Me gustaría empezar a buscar algunos ejemplos, pero creo que deberíamos tener claridad sobre qué está permitido y cómo.
- Empleado de Meta B: Sí, pienso que descargar torrents desde el computador corporativo no se siente bien.
La venta de libros poco comunes
El medio de comunicación australiano News.com, confirmó que las empresas de IA están destruyendo los libros que usaron para alimentar a sus chatbots e incluso un librero reconoció que pasó de vender 20 libros a la semana a cientos, incluyendo tomos descatalogados y en idiomas extranjeros.
También afirman que libreros de Países Bajos, Suiza, España y Alemania recibieron correos electrónicos solicitando variados tomos tan especializados que inmediatamente notaron que los solicitantes los iban a ocupar para entrenar a su IA. También describen que para el escaneo de los textos, se cortaron los lomos de los libros y luego fueron desechados.
Fuente: The clinic










