El sábado 4 de abril, la gran mayoría de los chilenos, deberán atrasar en 60 minutos sus relojes para poner fin al horario de verano y así iniciar el horario de invierno. Sin embargo, la Región de Magallanes está exenta de esa medida por razones climáticas y autoridades de la región de Los Lagos buscan que dicho criterio se extienda a su territorio.
En conversación con The Clinic, el alcalde de Puerto Montt, Rodrigo Wainraihgt, recalcó que “esta solicitud no es un capricho mío como alcalde, sino que es un clamor de la ciudadanía y lo que ocurre en nuestro territorio en donde las circunstancias son muy distintas al resto del país”.
“Aquí oscurece más temprano y, por lo tanto, las horas días son sumamente importantes por un tema de productividad, por un tema de seguridad, también por recuperación de espacios públicos y nuestros vecinos puedan ir a donde tenemos parques y puedan practicar deportes una vez que salgan del trabajo o de los colegios. Cuando uno ve la experiencia en la región de Magallanes, son experiencias positivas tan así que hasta el día de hoy se mantienen”, añadió la autoridad comunal.
Junto con eso, Wainraihgt destaca que “la empresa más importante que tenemos es la empresa del salmón y se relaciona mucho con Aysén y Magallanes. Entonces, esos cambios de horario también producen una dificultad en la industria. Acá lo que tiene que hacer el delegado es escuchar a la ciudadanía, creo que esta va a ser una primera prueba. Nosotros, por lo menos los sondeos que hemos hecho, preguntándole a la gente si quieren mantener la hora o cambiarla y un 90% quiere mantenerla“.
¿Es una buena idea que Los Lagos tenga otro huso horario?
Verónica Pantoja Silva, investigadora en Neuroeducación y cognición Humana además de ser directora del Magister en Neurociencia de la Educación de la Universidad Mayor, afirma que puede ser una buena idea pero “siempre que esté fundamentada en la relación entre ritmos biológicos y contexto territorial. Desde la neurociencia sabemos que el cerebro funciona en base a ritmos circadianos regulados principalmente por la luz. Cuando el horario social se desajusta del ciclo luz-oscuridad, lo que se conoce como jet lag social, se generan efectos fisiológicos”.
“En términos simples, este desajuste puede alterar el metabolismo. Por ejemplo, afectar la regulación de glucosa y el peso. También impactar el bienestar cognitivo, es decir, funciones como la atención, la memoria y la capacidad de regular emociones. Por lo tanto, si una región presenta un desfase importante entre su horario oficial y la luz natural, ajustar el huso horario puede favorecer el bienestar cognitivo y emocional de la población. De hecho, existen experiencias internacionales, como el caso de España, donde se ha debatido ajustar el huso horario por sus efectos en el sueño y la salud”, agregó.
Consultada sobre qué tan viable es implementar este cambio, Pantoja responde que “a nivel técnico es viable, especialmente porque ya existe experiencia en Chile con regiones como Aysén y Magallanes que operan con horario de verano permanente. Sin embargo, a nivel sistémico requiere planificación, ya que no es solo mantener una hora fija, sino asegurar que esa decisión esté alineada con las condiciones de luz, las dinámicas sociales y los hábitos de la población“.
Los resultados de Aysén y Magallanes
La académica destaca que “los datos muestran efectos mixtos. Por ejemplo, evaluaciones del Ministerio de Energía de Chile (2017–2019) sobre el horario permanente en Magallanes evidenciaron una valoración positiva de la población, principalmente por un mejor uso de la luz en la tarde y mayor percepción de bienestar en la vida cotidiana. Sin embargo, también se identificaron dificultades en invierno, especialmente por la oscuridad en las primeras horas de la mañana y aquí está el punto clave: aunque se mantenga el horario de verano todo el año, en invierno los días son mucho más cortos, por lo que el sol sale muy tarde“.
“Por ejemplo, en invierno en el sur, el sol puede salir cerca de las 9:00 o incluso más tarde, pero las personas, niños, niñas, trabajadores, ya iniciaron su jornada a las 7:30 u 8:00, completamente a oscuras. Esto genera un desfase entre el reloj biológico y el horario social. Desde la neurociencia, esto es clave, porque la luz de la mañana es la principal señal que activa el cerebro: regula el reloj circadiano, aumenta el cortisol en niveles adecuados y favorece la activación, la atención y el estado de alerta. Cuando esa luz no está presente, las personas pueden sentirse más somnolientas, con menor rendimiento cognitivo y mayor dificultad para iniciar el día”, recalca.
Fuente The Clinic










