El estado actual del pingüino de Humboldt en Chile encendió las alertas en el último tiempo, pero no solo por la eliminación del decreto que lo declararía Monumento Natural, sino que también por la estrepitosa caída en su nivel de población, que lo tiene hoy en día como una especie declarada en peligro de extinción, algo que se repite en otras especies de pingüinos en el mundo.
El biólogo marino argentino Pablo García Borboroglu, referente mundial en conservación de estas aves, sostuvo en entrevista con The Clinic, que el escenario actual de los pingüinos a nivel mundial es resultado de una combinación de factores, entre ellos la gripe aviar, el fenómeno de El Niño, la pesca por arrastre y el impacto humano en su hábitat. Esto en medio de su visita al país en el marco del festival Santiago Wild 2026, donde conversará sobre la microserie Secretos de los Pingüinos.
Frente al debate sobre protección ambiental, García planteó que no se trata de una dicotomía entre conservar o desarrollar actividades económicas: “Se puede hacer un desarrollo económico bien controlado que minimice el impacto”, sostuvo.
Además, valoró que en Chile existan iniciativas como declarar Monumento Natural al pingüino de Humboldt, esperando que se pueda volver a discutir este decreto. “Creo que los gobernantes tienen que dar respuesta a los intereses de la gente, porque en la identidad de una nación también está la valoración por sus especies”, añadió.
Global Penguin Society: primera organización dedicada a la conservación de las 18 especies de pingüinos en el mundo
—¿Cómo nace este interés por los pingüinos y su conservación?
—Mi abuelo era griego, después de la Primera Guerra Mundial se vino a Argentina, a la Patagonia. Ahí mi abuela visitaba a los pingüinos, y cuando yo nací, ella me contaba las historias de sus visitas, y esa fue la forma que me conectó con la naturaleza.
Después, en los años 80, en la región donde vivo en la Patagonia, morían 40 mil pingüinos por año por los derrames de petróleo. Era común ver pingüinos muertos o muriendo en la costa, entonces a mí eso me choqueaba y empecé a rehabilitarlos. Después dije: “No, no puedo estar lavando todo el tiempo pingüinos, tengo que desarrollar herramientas para ayudarlos más.”
Entonces, hice una carrera académica, la licenciatura, el doctorado y después de varios años de academia dije: “Bueno, está muy linda la ciencia, pero no alcanza a resolver los problemas.” Y entonces empezamos una organización, Global Penguin Society, que la fundamos junto a mi esposa, que tiene acción en 20 países, pero la manejamos desde Patagonia. Es un desafío porque generalmente este tipo de organizaciones están en países centrales del primer mundo. Hemos ayudado a proteger 13 millones de hectáreas de hábitat de pingüinos en el mar, en la costa y demás.
—¿Cómo fue su experiencia grabando la microserie Secretos de los Pingüinos?
—Fue fantástico porque, además de trabajar con una producción de National Geographic, el productor ejecutivo era James Cameron, así que eran muchos desafíos.
Participé en la serie como asesor científico. Fue impresionante con una producción de ese nivel poder tener un producto como este para pingüinos, con camarógrafos increíbles, tecnología impresionante, imágenes subacuáticas, drones de última generación, y realmente a pesar de que se conoce mucho sobre ellos, habían muchísimos secretos por contar y es lo que está revelado en la serie.
Se filmó en nueve lugares diferentes del mundo y para nosotros fue una consagración de nuestro trabajo. Con un producto de NatGeo donde uno puede entregar un mensaje de conservación a esta escala es sublime.

El caso del pingüino de Humboldt
—¿Cuáles son las razones por las que los pingüinos en Chile están en peligro de extinción?
—De las 18 especies de pingüinos que existen en el planeta, la mitad está considerada amenazada, y esto es por la combinación de varios factores. En particular en Chile con el pingüino de Humboldt, ha habido una caída estrepitosa en la población. Entre 2021 y 2025 la población cayó más del 60%.
Un poco fue por la mortalidad de la gripe aviar, otro poco es también por El Niño, también hay disturbio humano en las colonias, con efecto de las pesquerías ya sea por enmalllamiento, o por competencia de la pesca.
—¿Qué se puede hacer para cuidar la población de pingüinos?
—Hay casi 300 lugares en el mundo donde se pueden visitar colonias de pingüinos, y reportan miles de millones de dólares a través del turismo de naturaleza. Se puede hacer un desarrollo económico de ciertas actividades bien controladas que minimicen el impacto y al mismo tiempo satisfacer las necesidades de las especies.
No todo es blanco y negro, hay que poder balancear. Proteger un animal no quiere decir que estés en contra total de cualquier tipo de desarrollo, pero a veces se plantea esa manera para poder generar este contrapunto que muchas veces está mal formulado.
Venimos de un siglo donde muchas naciones se desarrollaron destruyendo todo y ahora no saben de qué disfrazarse para proteger a sus ambientes, porque el ambiente sano también tiene un correlato en la salud pública y en la productividad. Muchos ambientes tienen que ser sanos para ser productivos.
Yo creo que es muy importante analizarlo porque muy pocos países en el mundo tienen el privilegio de tener un pingüino en su territorio. Chile tiene muchos, y ese honor también hay que acompañarlo con la responsabilidad de cuidarlo.
—Sobre el proyecto que quiso declarar al pingüino de Humboldt Monumento Natural, ¿le gustaría que se vuelva a discutir? ¿serviría de algo?
—Yo creo que es muy importante porque el chileno tiene mucha valoración de sus recursos naturales, está muy orgulloso de sus especies, y tienen especies únicas que no hay en otro lado del mundo.
Entonces yo creo que los gobernantes, sea quien sea, tienen que dar respuesta a los intereses de la gente, porque en la identidad de una nación también está la valoración por sus especies. Son emblemas, entonces tiene que haber una protección.
Yo celebraría que ese decreto entre en vigor nuevamente, creo que eso impulsa distintos tipos de protección, pero no tenemos que aceptar ese planteamiento de que: “si es monumento natural, después va a impedir cualquier tipo de desarrollo”, porque no es verdad y a veces se quiere vender de esa manera”. Los gobiernos pasan y quedan la gente con sus ambientes, son los actores que viven con estas especies los que viven en un ambiente destruido o no. Es el chileno el que tiene que salir también a decir: “Nos importa.”
Al pingüino no le importa en qué país está, le importa estar en un ambiente sanao, saludable, y lo que les pasa también refleja la salud humana. Porque un océano destruido también impacta a los humanos. Los pingüinos aparecieron hace 62 millones de años en este planeta, no podemos ser nosotros en nuestro tiempo de vida los que los hagamos desaparecer.
Fuente The Clinic










