Del amor incondicional al riesgo de la humanización: estudio analiza cómo cambiaron las relaciones de las personas con sus mascotas

Las mascotas hoy en día forman parte importante de muchos hogares, siendo considerados miembros relevantes de los núcleos familiares.

Este nuevo tipo de relación o vínculo con los animales es el que analizó el último estudio Corrientes Subterráneas del Centro Democracia y Opinión Pública de la Universidad Central, “¿Objetos, personas o dioses? Nuevas narrativas del vínculo humano-animal”.

El diseño del estudio se inscribe en una metodología mixta de carácter exploratorio-comparativo, bajo una lógica convergente; es decir, se emplean enfoques cuantitativos y cualitativos para lograr un análisis más completo del fenómeno. Para ello, se seleccionaron discursos referidos a animales en plataformas digitales públicas (como Facebook, Tiktok e Instagram) entre 2022 y octubre de 2025, con el propósito de identificar las distintas formas en que las personas se relacionan con ellos.

Según expusieron en un conversatorio en The Clinic Axel Callís, coordinador del área de opinión pública del Centro de Democracia y Opinión Pública de la U. Central; Ignacia Uribe, presidenta de la Fundación Veg y Diego Rosello, especialista en estudios de animalidad de la UDI, se ha generado una reconfiguración sociocultural, caracterizado por un desplazamiento progresivo desde una concepción instrumental hacia una comprensión relacional, afectiva y moral de los animales.

FOTO: DIEGO MARTIN / AGENCIAUNO

El especial vínculo de las mujeres con sus mascotas

En el estudio se plantea que el auge de las plataformas de redes sociales ha expuesto de forma masiva las experiencias humanas con animales, especialmente de compañía, instalando este vínculo como un fenómeno socialmente relevante y que permea la sociedad.

Dentro de los hallazgos, se detectó que las mujeres, debido a una dimensión emocional más fuerte, podrían estar más dispuestas a externalizar públicamente sus afectos hacia los animales, como se vio en redes sociales.

“Asimismo, el componente espiritual asociado a la significación de la animalidad podría resultar especialmente relevante, dado que las mujeres presentan mayores niveles de religiosidad y fe, lo que favorecería interpretaciones trascendentes del vínculo con los animales”, se plantea.

FOTO: DIEGO MARTIN / AGENCIAUNO

En esa línea, Rosello se refiere a que “los animales nos reconectan con el animal que somos. Y que muchas veces, formas culturales de construir la humanidad se basan en negar el animal que somos. Entonces cohabitar con un animal de compañía también nos deja más en contacto con el animal que somos. Ahí hay un coctel raro entre espiritualidad y naturaleza”.

Callís, por su parte, se refiere a que hay personas que perciben que sus mascotas son Dios, “y que no son pocas”. Asegura que tiene relación con que “en general la especie no humana encarna toda la pureza que perdió el ser humano. Y si es puro hay una visión que tiene que ver con lo ancestral, está vinculado a la naturaleza y también a lo divino”.

También se observa en el estudio que hay una “mayor convergencia entre feminismo, ambientalismo y animalismo”.

“Uno de los hallazgos centrales de esta investigación es la relevancia de la emocionalidad en la configuración contemporánea del vínculo humano-animal. Los discursos analizados revelan una tendencia marcada a atribuir a los animales una subjetividad emocional rica y compleja, caracterizada por sentimientos considerados puros o nobles, como la ternura, la lealtad, la gratitud y el amor incondicional. En este marco, los animales son socialmente construidos como el epítome del amor desinteresado, en contraste con relaciones humanas percibidas como frágiles, conflictivas o decepcionantes”, lee el estudio.

El dilema en el que se puede caer al humanizarlos

Uno de los hitos centrales del estudio, además, hace referencia a la humanización que se ha hecho de las mascotas, al punto de que hay hogares que consideran a sus animales de compañía un miembro más de su grupo familiar o como un hijo. Por ejemplo, incluso hay canales de televisión especiales para perros.

Según Uribe, “es la otra cara de la moneda de la invisibilidad en la que generalmente existen los animales, como por ejemplo el hecho de que no existen en la Constitución (…). Hoy eso ha ido cambiando un poco. Tenemos ciertas plazas donde hay lugares específicos para los perros, pero tener un animal no es fácil. Y creo que por ahí también va esto de humanizarlo para hacerlo parte de la familia y darle esa visibilidad que en el mundo, fuera de la casa, no tiene”.

FOTO: VICTOR HUENANTE / AGENCIAUNO

El problema, mencionó Rosello, es que al humanizarlos precisamente existe el riesgo de tratar a las mascotas como un ser humano, siendo que “tiene otras necesidades, otros requerimientos. Son como nosotros pero no son lo mismo que nosotros, y respetarlos implica también que son distintos que nosotros”.

Así, Callís reflexionó sobre “¿qué significa la humanización? Hablamos de humanizar a los animales, pero no es solamente decir que es nuestro hijo o somos el papá. Si no que es dotarlo de todos los atributos que tienen los seres humanos en todas sus dimensiones (…). Las personas construyen sus vidas con ese tipo de relaciones, y cuando la política no se hace cargo de esas nuevas relaciones o tendencias, es una parte de nuestra sociedad cotidiana que no estamos viendo”.

Fuente The Clinic

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