Ángela Cousiño es educadora y madre de un adolescente con Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH). Hace algunos meses tomó la decisión de sacar a su hijo de un colegio particular privado porque se le hacía difícil mantenerse en una sala de clases sin los apoyos adecuados. Lo que no esperaba, que su hijo no fuera aceptado en otro establecimiento por los exámenes de admisión.
Su hijo tiene 13 años y dificultades con las funciones ejecutivas: atención, organización, regulación, emocional. La decisión de dejar el colegio fue porque no se estaba portando bien, “me tenía que hacer cargo de mi hijo”, comenta Ángela. El adolescente no quería dejar su colegio ni a sus amigos y la madre sostiene que su no tiene ningún problema cognitivo, sino que le cuesta estar en clases.
Su hijo estuvo de mayo a diciembre fuera del colegio con el apoyo de una psicopedagoga para darle las herramientas necesarias que le permitan estar en una sala de clase. Al minuto de buscar un colegio para que pueda ingresar el año siguiente, no tuvo suerte. “Mi hijo me pregunta qué tengo de malo”. hoy la madre cuenta que este tiene una herida emocional al sentir que lo rechazan en cada colegio al que ha postulado.
Discriminado por un sistema
Ángela Cousiño comenta que su problema no es solo por la dificultad de encontrar colegios que tengan vacantes para entrar a octavo básico, sino que también denuncia que hay una barrera de acceso. Ha postulado y llamado a más de 20 colegios que en sus programas promueven la inclusión. Además de buscar colegios que son más pequeños y que su foco esté en el bienestar socioemocional. Hasta el momento, su hijo no ha quedado en ninguno por los exámenes de admisión.
Sin conocer a los niños ni a las familias, la madre denuncia que las pruebas consisten en llevar a los aplicantes a una sala apartada durante dos horas para que rindan el examen de admisión. Esta es una situación que impide el rendimiento de una persona con TDAH, “tiene dificultades ejecutivas, no una dificultad intelectual”, agrega Cousiño.
“Me di cuenta de que había una grieta en el sistema”, comenta Ángela. No hay ningún colegio particular pagado que reciba a su hijo, pero la madre dice que si postula al sistema municipal tampoco va a entrar. El Sistema de Admisión Escolar (SAE) filtra para que entren los alumnos prioritarios y el hijo de Cousiño no entra dentro de este grupo.
Aunque Ángela habla de su caso particular, cree que su hijo no es el único en ser excluido. Sin saber la causa exacta, la educadora menciona un estudio de la Universidad del Desarrollo (UDD) que muestra que la mayoría de los niños que rinden exámenes libres son estudiantes de educación básica, y enfatiza en la importancia de ponerle atención a este tipo de datos.
“Tenemos la ley de inclusión, pero ningún colegio quiere aplicarla”, agrega Ángela Cousiño, quien habla desde la desesperación y también la desilusión que siente hacia sistema escolar.
Fuente: The Clinic











