Para José (21), la entrada de la Inteligencia Artificial (IA) a la vida cotidiana no fue algo complejo de entender. El joven reconoce que es parte de una generación en la que el constante avance de las herramientas digitales es algo normal. Estudiante de Pedagogía en Física, para sus prácticas profesionales en diversos establecimientos estudiantiles, que van desde lo público a lo particular, ha logrado trabajar la enseñanza con métodos novedosos para los jóvenes.
—Ocasionalmente utilizo la Inteligencia Artificial en mi área para crear actividades interactivas para los estudiantes— comenta José.
Distinto es el caso de Alejandro, quien tiene 50 años. Músico de profesión y docente en una escuela pública de Coyhaique, su relación con la IA es distante. No confía del todo en ella, pues comenta que las personas pueden abusar de su uso. Además, cree que la IA no puede reemplazar a la razón crítica y la creatividad del ser humano.
—No me da confianza, menos en mi área. Creo que la IA no es capaz de contraponer conceptos estéticos en torno a la enseñanza de la música—, dice Alejandro.
Sus casos no son los únicos. La contraposición de opiniones en torno al auge de la Inteligencia Artificial es un debate que ha marcado la pauta mundial durante los últimos años. Su irrupción en las nuevas tecnologías fue violenta y rápida, lo que provocó incertidumbre. Esto se da mayoritariamente en las personas mayores al pensar que la IA podría reemplazar el trabajo humano. Tampoco son las únicas profesiones de donde nacen las diversas percepciones. Así como pasa en la docencia, se da también en las comunicaciones, en el arte y también en el derecho.
No obstante, existe una importante brecha digital con respecto al acceso a la IA y su respectivo entendimiento. Según el último estudio de Criteria, que The Clinic publica hoy en exclusiva, cada vez son más las personas que tienen conocimiento de la IA. De hecho, según el informe, un 42% de los chilenos -en una muestra de 1.004 casos- declara saber “algo”, un 27% “bastante o mucho” y un 31% “nada”.
Asimismo, el documento arrojó un dato clave: el acceso y conocimiento a la IA, y el temor a su aplicación, se ve determinado según el grupo socioeconómico de los habitantes y también a la edad.
La diversidad de puntos de vista como las de José y Alejandro se repite en la sociedad chilena. Si bien la IA se ha buscado instalar como “la herramienta revolucionaria del futuro”, también ha provocado el auge de la incertidumbre. Dudas, miedos y cuestionamientos que van desde saber qué tan peligrosas son, hasta si las personas serán reemplazadas en sus trabajos.
—Hay diferencias marcadas dependiendo del capital cultural de las personas. Aquellas con mayor educación y con acceso más temprano a la tecnología la ven con mayor entusiasmo, mientras que quienes tienen menor nivel educacional y menor relación con la tecnología son más temerosos o dudosos—, dice Marco Silva, director de Mercados y Consumidores de Criteria.
El auge de la IA en Chile
En Latinoamérica y el Caribe, Chile es actualmente el país que encabeza el desarrollo de la Inteligencia Artificial de la región. Por segundo año consecutivo, el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2024, realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (Cenia), consideró a Chile como uno de los países vanguardistas en esta nueva tecnología.
Junto a Brasil y Uruguay, Chile lidera los puntajes en torno a la investigación, desarrollo y adopción de la IA. También, el país ocupa los primeros lugares en la subdimensión de infraestructura y en talento humano. Esto deja de manifiesto una alta capacidad de formación y desarrollo en esta nueva tecnología.
No obstante, los análisis del estudio “Miradas sobre la Inteligencia Artificial en Chile”, de autoría de Criteria, distan de la realidad mostrada por la ILIA. La investigación se desarrolló mediante encuestas a hombres y mujeres entre 16 y 75 años, de todos los grupos socioeconómicos y de todo el país.
Con respecto al conocimiento de esta herramienta, uno de cada cuatro encuestados declara estar bastante o muy informado acerca de la IA. De la muestra de personas de diciembre de 2024, un 24% aseguró saber algo, y un 27% dijo conocer bastante de la IA. Asimismo, este último análisis determinó que las personas ven a esta herramienta como “algo muy distinto a las tecnologías que ya existían”. También consideran que va a revolucionar el mundo. Esta visión cambió con respecto a los resultados de enero de 2024, en donde se consideraba que no era una real novedad.
Por otro lado, la sensación de preocupación disminuyó frente al auge de la IA en Chile, pero el entusiasmo en torno a esta tecnología no aumenta. La mayoría de las personas que participaron declararon sentir preocupación y entusiasmo por el crecimiento de esta herramienta. A diciembre de 2024, el 34% declaró estar igualmente preocupados y entusiasmados, 23% más preocupados que entusiasmados, y 21% más entusiasmados que preocupados. Esto refleja la incertidumbre que la IA representa.
—Los mayores temores tienen que ver con el desconocimiento, algo así como el temor a lo que no se conoce, y por los eventuales riesgos que se pueden derivar de la IA hacia distintos ámbitos de las vidas de las personas. Estos riesgos se han asumido a partir de lo que puedan haber escuchado o leído en medios y redes sociales, o incluso de ciertas figuras que ha instalado la cultura pop. De hecho, no son pocas las personas que al hablar de la IA hacen referencia a Skynet, la inteligencia artificial que lidera el ejército de máquinas contra los humanos en la saga Terminator—, dice Marco Silva, socio de Criteria.
Cabe destacar que el entusiasmo hacia la IA es mayor en jóvenes entre 16 y 29 años, donde la muestra de 154 personas de esta edad, un 34% declaró estar más entusiasmado que preocupado. No obstante, donde se genera mayor preocupación es en mayores de 60 años, donde el 35% de 180 declaró sentir más preocupación que entusiasmo.
Asimismo, el entusiasmo con respecto a la IA se concentra en los grupos socioeconómicos (GSE) de mayores ingresos. En una muestra de 278 personas del segmento ABC1, el 31% manifestó que el entusiasmo es mayor que la preocupación. No obstante, donde más se genera incertidumbre con respecto a la irrupción de la IA es en el tramo D de los GSE. El 28% de una muestra de 211 manifestó no tener claro su entusiasmo o preocupación.
Con respecto a los usos, donde más se genera interés es en la funcionalidad. Esto se representa en su funcionalidad en procesos de trabajo, detección de problemas de salud y el apoyo educativo. No obstante, donde se genera una mayor preocupación es en la curatoría de noticias y en las actividades de atención al cliente.
—Hay más preocupación por los usos que la IA pudiera tener en recomendación o filtro de noticias, lo que quizás está vinculado a cierta sensación de censura. También, el tener que interactuar con ella en contextos de servicio al cliente y en la agilización de procesos en el trabajo, presumiblemente por el temor a ser reemplazados en contextos laborales—, dice Marco Silva, de Criteria.
Otro dato importante arrojado por el estudio de Criteria es el crecimiento en la cantidad de personas que reconocen que utilizan al menos una aplicación de IA, en donde son los jóvenes menores de 30 años quienes más las utilizan por sobre los mayores de 45. ChatGPT es la más utilizada por los encuestados, seguida por los asistentes virtuales Siri, de Apple, y Alexa, de Amazon.
Dentro de las conclusiones de Criteria, si bien ha disminuido el desconocimiento a la Inteligencia Artificial, su auge no deja indiferentes a los chilenos. La mayoría presenta una sensación u opinión, sea de entusiasmo, preocupación o incertidumbre.
“Las diferentes posiciones se ven mejor retratadas en determinados grupos sociales: mientras que entre los menores de 30 años y los sectores socioeconómicos más altos es mayor el entusiasmo hacia la IA, entre las personas mayores y los segmentos con menos acceso a estas tecnologías es más alta la preocupación y el desconocimiento”, dice el estudio.
Asimismo, este enfatiza que “podemos estar en presencia del origen de una nueva brecha digital”. Esto, producto de que las personas de mayor edad y de menor ingreso se están quedando atrás de las que prometen ser las herramientas que faciliten tareas en distintos ámbitos de la vida actual.
—Esta brecha digital ya no será por dificultades externas en el acceso, sino que por la forma o prejuicio con la que nos enfrentamos a lo nuevo. En este sentido, lo que muestra el estudio es que esta nueva brecha digital favorecerá a las personas de mayores ingresos aventajando a las de menores ingresos, a los jóvenes aventajando a las personas mayores y a los hombres aventajando a las mujeres, pues ellas muestran mayor preocupación y menor entusiasmo hacia la IA—, dice Marco Silva.
La IA en el Aula
Si bien para José, de 21 años y estudiante de Pedagogía en Física, el auge y conocimiento de la Inteligencia Artificial (IA) no es un tema complejo, reconoce que se debe tener cuidado con su uso en el aula.
—Creo que es una herramienta bastante útil para integrar en las clases, pero se debe trabajar con una correcta preparación. Estas siguen en desarrollo, por lo que no se puede confiar al 100%—, dice José.
Por otro lado, Alejandro, de 50 años, músico y docente, y quien se muestra más reacio al uso de la IA, sí reconoce que estas pueden ser una ayuda para el aprendizaje y enseñanza de los alumnos.
—Está bien, siempre y cuando se pueda restringir el uso a los alumnos. No hay que abusar de ellas. Para sacarle todo el jugo hay que tener un buen mecanismo de control—, dice Alejandro.
Las percepciones en torno a la irrupción de la IA en la pedagogía y enseñanza han sido diversas. En una columna de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), el académico Víctor Parada comenta que la IA puede agilizar el proceso curricular. También argumenta que la IA podría garantizar que los estudiantes reciban la información más relevante y actualizada.
“La integración de IA en la educación también puede mejorar el apoyo a quien aprende proporcionándole acceso ininterrumpido a comentarios y orientación en tiempo real (…) Se dispone de un recurso tecnológico de apoyo personalizado, ofreciendo asesoramiento y recursos personalizados para ayudar a los estudiantes a superar los obstáculos y alcanzar sus objetivos académicos. Además, estas nuevas técnicas de aprender no están solamente disponibles para estudiantes, sino que para cualquier persona, un hecho que provoca también un cambio de paradigma en la sociedad”, dice Víctor Parada en su texto .
Asimismo, el autor manifiesta que su uso dentro del campo académico, universitario y educativo agilizaría en creces los procesos de investigación.
“La IA no sólo agiliza las tareas administrativas y fomenta el desarrollo de habilidades sociales cruciales en los estudiantes, sino que también acelera los procesos de investigación científica. Los investigadores pueden analizar grandes conjuntos de datos con mayor rapidez, identificar patrones y perspectivas que serían difíciles de detectar por el escrutinio humano e innovar a un ritmo antes inalcanzable (…) La sinergia entre enseñanza e investigación no sólo enriquece la experiencia educativa, sino que impulsa a las universidades a la vanguardia del avance tecnológico y la excelencia académica”, agrega el académico de la Usach.
José y Alejandro no son los únicos docentes que poseen una visión diversa en torno a las IA. Alejandra, de 60 años, es profesora de Educación General Básica en Llay-Llay, en la región de Valparaíso. Para ella ha sido un poco complicado insertarse en el mundo de la IA, pero reconoce que puede ser utilizada para mejorar la calidad de vida.
—Yo no utilizo en ningún ámbito la IA, pues me es un poco complicado. Sin embargo, siempre me ha gustado muchísimo que se estén aplicando nuevas tecnologías en el ámbito educativo—, dice Alejandra. —Bien usadas, por supuesto que benefician—, agrega.
Por otro lado, Miguel, de 22 años y estudiante de Pedagogía en Música por la Universidad de Valparaíso, reconoce que la IA le ha ayudado en su proceso de formación profesional. Su principal uso es como motor de búsqueda de información, bibliografía y referencia. Considera que la IA es una buena herramienta mientras no se ocupe bajo la premisa de recibir verdades absolutas en sus respuestas.
—Me parece correcto mientras no se usen a desmedida, sea por parte de alumnos, como de profesores. Como cualquier herramienta, esta puede ser buena o mala dependiendo del uso que le demos y la confianza que depositemos en ellas—, dice Miguel.
La entrada al Derecho
En el ejercicio del Derecho, la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) ha manifestado apoyos y resistencias. Hay algunos que, bajo el alero de la costumbre, se mantienen firmes a sus convicciones y a la enseñanza tradicional de la profesión. El ejercicio de la memoria en el derecho se manifiesta como un rito sagrado. Es normal que para las distintas generaciones de abogados se aprendan a lujo y detalle numerosas normas, leyes y documentos.
—Hay una resistencia de tradición. Hay muy pocos abogados que trabajan con la IA. Son los más curiosos los que ponen en práctica su uso. Sin embargo, en las facultades no entrenan a los estudiantes para que aprendan a utilizar estas herramientas—, dice Salvador Millaleo (51), abogado y profesor asistente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.
Para Salvador Millaleo, el gran problema que existe en las academias y facultades de derecho es la distancia que existe con respecto a la IA. Una resistencia a dejar lo cotidiano.
—Creo que el uso de la IA podría incrementar la eficacia y el conocimiento del derecho, pero acá no lo estamos haciendo. Esto es algo que no solo pasa acá en Chile, sino a nivel latinoamericano—, comenta Millaleo.
Sin embargo, hay representantes de generaciones veteranas del Derecho que, usen o no esta herramienta, concuerdan en que su irrupción podría ayudar a la rapidez judicial. Tal es el caso del abogado y académico de la Universidad de Chile, Felipe Abbott.
—En el ejercicio del Derecho, muchas veces uno tiene que transcribir horas y horas de audio a texto. Yo no he usado estas herramientas, pero sí me gustaría aprender a usarlas porque me ayudarían mucho a ganar tiempo—, dice Felipe Abbott.
—Antiguamente uno tenía que andar por todos lados con libros y carpetas para recordar alguna información. En la era analógica, uno rayaba, subrayaba o andaba poniendo marquitas de todos los colores para tener la documentación bien ordenada. Con la llegada de la tecnología obviamente esas cosas ya no suceden y es más fácil tener el acceso a lo que uno necesita—, agrega.
La implementación de la IA plantea grandes oportunidades para la eficacia en el ejercicio jurídico, pero también enfrenta retos normativos y, sobre todo, éticos. No todo son ventajas, pues en el ámbito del derecho la interacción humana se ha manifestado como algo elemental. Algo que se da con énfasis en las audiencias y en los alegatos.
—El trabajo humano no se debe dejar de lado. No sé si le confiaría a una IA una resolución judicial, por ejemplo, pues no es algo suficientemente sofisticado como para que la dotemos de una responsabilidad y de una justificación ética—, dice Felipe Abbott. —Es importante debatir sobre cuánto espacio de representación le damos a la IA—, añade.
Sobre el uso de la IA por los estudiantes, si bien los jóvenes son afines a manejar las tecnologías, también tienen sus miedos.
—A la fecha percibo que la relación con los sistemas de IA entre los estudiantes y los académicos ha sido desalentadora. No hay una total preocupación de que los futuros abogados estén preparados para hacerse cargo de la orden tecnológica. Vale decir la regulación de estas, más que su uso—, dice Alberto Cerda, abogado, académico de la Universidad de Chile y miembro de la ONG Derechos Digitales.
—El miedo y la incertidumbre con la IA no son solo de los adultos, sino también de parte de los jóvenes. Mucho miedo en los estudiantes de derecho, lo que recuerda a la fantasía de Skynet en Terminator—, dice el abogado Salvador Millaleo. —Como académicos y profesionales tenemos la responsabilidad de aprender más sobre estas herramientas y guiar a los alumnos, pues hay mucho miedo al riesgo por parte de los jóvenes que serán futuros profesionales— cierra.
FUENTE: THE CLINIC CL