El fin del juguete inerte: La IA está dando paso a los muñecos capaces de dialogar y enseñar (y es inquietante)

Durante generaciones, la interacción entre un niño y su juguete fue estrictamente un monólogo. Objetos inertes que recibían historias, pero incapaces de devolver una palabra -“Mi muñeca me habló, me dijo cosas”-. Esta dinámica histórica, sin embargo, está por quebrarse.

La integración de Inteligencia Artificial y Modelos de Lenguaje Grande (LLM) en la industria juguetera promete transformar a estos compañeros silenciosos en interlocutores activos, capaces de procesar lo que escuchan y responder con coherencia, junto con tomar acciones (y hasta decisiones) hasta hace poco imposibles.

Esta tendencia cobró protagonismo durante el reciente Consumer Electronics Show (CES) de Las Vegas, a la que –como The Clinic– asistimos.

En la feria de tecnología de consumo más relevante del mundo, diversas marcas –muchas de origen asiático– revelaron tanto conceptos futuristas como productos finales listos para aterrizar en el mercado. ¿El denominador común? Una capacidad de procesamiento para escuchar y responder coherentemente, camuflada bajo la inofensiva apariencia de un panda de peluche o alguna otra mascota de fantasía.

Modelo panda de la firma Mind With Heart Robotics. Foto: The Clinic

Mind With Heart Robotics, una empresa con sede de Shenzhen, China, presentó justamente en el CES un dispositivo que denomina robots panda con IA de ‘afecto biomimético’. Se trata de peluches con forma del animal (foto superior), el que tiene un rol terapéutico, dicen sus responsables, tanto para niños como adultos y ancianos en soledad.

El equipo opera vinculado a una aplicación móvil que permite un alto grado de personalización: el usuario puede ajustar desde la voz y el tono hasta el estado de ánimo del robot. Su software promete adoptar un perfil psicológico profesional, diseñado específicamente para asistir a personas con condiciones como el trastorno de estrés postraumático.

En cuanto al hardware, y a diferencia de otros prototipos vistos en la feria, este modelo prescinde de cámaras. Según explicaron sus creadores, la decisión responde al cumplimiento de las estrictas normativas de privacidad europeas. No obstante, reconocen que el diseño ocular del muñeco mantiene el espacio físico necesario para integrar lentes de video en el futuro si la estrategia cambia.

Los peluches de la empresa Kingstar. Foto: The Clinic

En un enfoque más doméstico, la firma Kingstar adelantó el lanzamiento de su nueva línea de peluches inteligentes. Potenciados por ChatGPT y el modelo Agora, estos dispositivos prometen una latencia mínima, capaces de responder “en milisegundos” a las consultas infantiles. La marca asegura que están preparados para contestar a “más de 100 mil porqués”, con soporte en varios idiomas y reconocimiento de voz avanzado, con público objetivo niños desde los 3 años.

Para mitigar la desconfianza de los padres, Kingstar señala que los juguetes incluirán filtros estrictos para bloquear temas sensibles o controversiales, además de generar un informe de diálogos para que los adultos puedan supervisar la interacción.

Modelos AiMe de TCL. Foto: The Clinic

Otro juguete pensado para niños y con IA, fue el que presentó TCL. Se trata del AiMe, “el primer robot acompañante modular con IA del mundo”. Aunque se dio a conocer en el CES 2025, fue en esta versión donde la compañía lo presentó de forma masiva y confirmó planes de lanzamiento a corto plazo.

AiMe viene en una cápsula con ruedas, lo que le permite desplazarse por el hogar. Entre sus funciones, además de interactuar mediante diálogos, está el control de distintos dispositivos de la casa y la capacidad de aprender de cada miembro del hogar, con el objetivo de ofrecer una experiencia cada vez más personalizada a medida que recopila información.

Asimismo, incorpora una cámara frontal que le permite captar distintas situaciones del entorno y cuenta con un dispositivo desmontable conectado a AiMe, con el cual es posible continuar la interacción incluso cuando se está alejado del robot.

Fuente: The Clinic

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