Morfeo, en la mitología griega, representa al dios del mundo onírico, del sueño. Es quien tiene la noble labor de dar forma a los sueños de los humanos, darles descanso y calma. Se cree que no hay discriminación en su labor, pero hay una amplia diferencia entre el dormir (y el descanso) entre los hombres y las mujeres.
Preocupación, la carga mental, el trabajo junto con las labores de cuidado que principalmente cumplen las mujeres son solo algunas de las cosas que dificultan que las mujeres tengan un descansar óptimo y sin interrupciones.
El médico familiar y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes, Andrés Glasinovic, explicó a The Clinic que “las diferencias entre mujeres y hombres en el sueño están bastante documentadas. Los estudios muestran que las mujeres reportan y perciben más problemas de insomnio, mayor dificultad para conciliar el sueño y más despertares nocturnos que los hombres. Sin embargo, cuando se analizan parámetros objetivos mediante polisomnografía, estos suelen ser similares entre ambos sexos en la población general”.
“La diferencia se explica principalmente por la percepción de la calidad del sueño y por factores contextuales, como la mayor carga de salud mental, los roles de cuidado y la influencia de factores hormonales, especialmente en el climaterio“, complementa.
Las diferencias en la calidad del dormir
Consultado sobre si es distinto el dormir entre hombres y mujeres, Glasinovic fue enfático en señalar que “existen diferencias consistentes, sobre todo en la percepción de la calidad del sueño. Las mujeres tienden a tener una peor calidad de sueño que los hombres, aunque la duración y otros parámetros objetivos pueden ser comparables. Esta percepción está influida por factores psicosociales y hormonales que afectan de manera diferenciada a las mujeres a lo largo de la vida”.
“Los cambios hormonales tienen un impacto directo en el sueño y su efecto depende de la etapa vital. Durante el ciclo menstrual, especialmente en la fase lútea posterior a la ovulación, el aumento de progesterona puede provocar somnolencia diurna. Pero también un mayor número de despertares nocturnos, y el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual suelen acompañarse de insomnio o somnolencia”, detalla.
Por otro lado, agrega que “en el embarazo, el primer trimestre se asocia a mayor somnolencia por el aumento de progesterona, mientras que en el tercer trimestre es frecuente el insomnio debido a molestias físicas, movimientos fetales, reflujo gastroesofágico y mayor necesidad urinaria nocturna. En la perimenopausia y menopausia, los bochornos nocturnos fragmentan el sueño profundo, la disminución de estrógenos se asocia a aumento de peso y mayor riesgo de apnea obstructiva del sueño, y los cambios en la termorregulación y en la arquitectura del sueño reducen el descanso restaurador”.
Fuente: The Clinic











