A menos de un mes de haber cumplido 42 años (el 26 de febrero, específicamente), Natalia Lafourcade llega a una de esas edades en que una artista ya no necesita demostrar que puede sostener una carrera, pero sí decide, cada cierto tiempo, preguntarse qué clase de vida quiere seguir poniéndole a su obra. Nació en Ciudad de México el 26 de febrero de 1984, creció en Coatepec, Veracruz, en una casa donde la expresión del arte no era vista como un complemento, sino una forma de habitar el mundo.
Su papá, Gastón Lafourcade, nacido en Angol, al sur de Chile, se formó como organista, pianista y clavecinista, y se radicó en México tras el golpe de Estado de 1973. Su madre, la mexicana María del Carmen Silva, también dedicó su vida a la pedagogía musical. Por eso, en el origen de Natalia no hay una narrativa de estrella fabricada, sino una trama más antigua de instrumentos, disciplina, tradición, herencia, aula, familia, desplazamiento y un concepto que se repite con frecuencia en su mundo personal y profesional: raíz.
Vista desde afuera, su historia podría contarse como la de una compositora que atravesó el pop, el cancionero latinoamericano, la música de raíz, el homenaje, el bolero, la exploración íntima y la consagración internacional sin perder nunca el timbre propio. Pero esa versión, aunque cierta, queda corta. Porque el rasgo más raro de Lafourcade no yace solo en la calidad de sus discos ni la importancia de sus premios (que pocos no son), sino en algo más difícil de fijar. El modo en que ha logrado convertir la sensibilidad en método.
A lo largo de más de veinte años, su discografía ha ido creciendo no a partir de tendencias o un marketing estratégico, sino de una escucha paciente de sí misma. Empezó a escribir canciones desde muy joven, primero partió en la escena como parte de un grupo musical y posteriormente, publicó su primer disco solista en 2002. Desde entonces, fue construyendo una obra donde conviven En el 2000, Un derecho de nacimiento, Hasta la raíz, Nunca es suficiente, Tú sí sabes quererme o De todas las flores, canciones muy distintas entre sí, pero unidas por una misma idea de verdad emocional.
En 2026, esa trayectoria entra a una nueva zona. No porque necesite reinventarse para seguir siendo relevante, porque ese nunca ha sido su motor. Es que la vida misma, más bien, le movió el eje: en diciembre de 2025 anunció el nacimiento de su primer hijo. Unos meses antes, en julio, había contado que estaba embarazada a los 41 años y que ni siquiera lo había visto venir; es más, la noticia la sorprendió en plena gira. En febrero de este año, además, ganó el Grammy a Mejor Álbum de Pop Latino por Cancionera, sumando así su quinto GRAMMY anglo, mientras que su cuenta en la edición latina de los mismos premios ya venía creciendo hasta convertirla en la artista femenina más premiada en la historia de esa academia, con 21 galardones.
En paralelo, el Cancionera Tour siguió avanzando y fijó para el 22 de mayo de 2026 su regreso a Chile, en Movistar Arena, dentro de una ruta que también pasa por otros países de la región. Maternidad, premio, gira, posparto, escenario. Piezas del momento vital en que hoy se encuentra. Por eso, hoy no habla desde la comodidad de una artista instalada, sino desde una transformación en curso. Y lo primero que aparece en su conversación con CNN Chile es justamente eso, la conciencia de estar atravesando una etapa que todavía se está acomodando dentro de ella.
CNN Chile: Despediste el año pasado con el nacimiento de tu bebé, lo saludaste con un nuevo GRAMMY y ahora, además, llega el anuncio de esta gira. ¿Cómo te sientes?
Natalia Lafourcade: “Contenta, agradecida, totalmente entregada a esta nueva etapa de mi vida. Aprendiendo muchas cosas y surfeando lo que es la maternidad, al tiempo de volver al trabajo, volver a la preparación, a todos los preparativos que implica una gira, y con mucha ilusión de volver a mi pasión máxima, que es el escenario, ¿no? Que es poder cantar y conectar con tantas personas. Con mucha ilusión de continuar esta gira”.
“La música promueve valores importantes en el desarrollo de la humanidad”
Para Lafourcade, la vida se ha vuelto más grande que cualquier agenda. Y eso resulta especialmente significativo en una artista cuya obra, desde hace años, está tan ligada a la exploración del mundo interior. En De todas las flores ya había aparecido ese jardín íntimo como territorio simbólico; en Cancionera, ese impulso se volvió todavía más complejo. El disco fue presentado en 2025 como una obra donde surgía un alter ego. Una “cancionera” que le permitía mostrarse desde un lugar más teatral y libre, más entregado al juego y dispuesto a no contenerse.
Su historia también podría leerse como la historia de una artista que nunca dejó de dialogar con lo heredado, aunque jamás se limitó a repetirlo. Veracruz es clave ahí. Coatepec, los patios, las flores, la cercanía con las músicas tradicionales, el peso de la canción popular mexicana, la educación musical desde la infancia. Todo eso aparece de forma persistente en su universo de conceptos. Y, al mismo tiempo, está Chile, el país de su lado paterno, de Neruda leído en voz alta, de Violeta Parra como faro artístico, del viaje a Osorno que terminó infiltrándose en Hasta la raíz. A Lafourcade le ha tocado vivir en esa doble vibración casi toda su vida, con México como suelo formativo, y Chile como linaje, imaginación y memoria familiar.
CNN Chile: Naciste en Ciudad de México, pero creciste en Veracruz, y Veracruz es un lugar muy presente en tu música en general. También está entre los Pueblos Mágicos de México por su tradición, su historia y todo. Además, tus dos papás siempre estuvieron muy presentes en el arte y en la cultura. ¿Cómo sientes que eso conecta con la artista que eres hoy, con la madre que eres hoy, con la mujer que eres hoy?
Natalia Lafourcade: “El lugar donde estás, tu familia, todas las cosas que absorbes, impactan de una u otra manera en lo que haces, y creo que así ha sido y no ha dejado de ser. En mi caso, se refleja muchísimo esa parte y, bueno, me da mucho orgullo. Para mí es muy importante. Conforme el tiempo ha pasado, también me gusta mucho rendir homenajes constantes a mi tierra, a mi cultura, a mi gente, al lugar de donde vengo. Que mi música pueda tener impregnada esa esencia, ¿no? Que sea una mezcla de mi esencia como mujer, como ser humano, como persona, pero también de mi entorno. Y siempre queda impactado, y me gusta mucho que la gente me identifique, también ,de esa manera. Ellos saben que esa es mi manera de acercarme a las cosas que hago, a la música”.
CNN Chile: Y respecto a la idea de contribuir…. Tus papás son profesores; tu papá, hasta el día de hoy, enseña. También has dicho que te gustaría abrir escuelas de música. ¿Cómo sientes que la música y la pedagogía musical afectan la cultura de los niños latinoamericanos? ¿Sigue ese sueño en pie?
Natalia Lafourcade: “Es algo que me gustaría muchísimo. Sí, lo pienso. Sueño, sobre todo, con hacer una escuela o lograr un espacio que sostenga las enseñanzas de las músicas tradicionales, las músicas del folclore, las músicas que están relacionadas a estos géneros que se transmiten de boca en boca, ¿no? Son como enseñanzas ancestrales, que oralmente se transmiten y que creo que es muy importante que no se pierdan; que, con el tiempo, con los avances de la tecnología, no se queden en el olvido. Son músicas que tienen muchos valores.
La música promueve valores importantes en la humanidad, en el desarrollo de la humanidad, en la forma en la que nos relacionamos con el entorno, con nuestros amigos, nuestra familia, nuestra casa, nuestros compañeros y compañeras. Promueve la empatía, el reconocernos en otras miradas; promueve la sensibilidad, la sinergia, el trabajo en equipo. Para que la música suceda, hay una serie de elementos que tienen que coincidir, y todos esos elementos tienen factores muy positivos en lo que sería el tejido social.
Por eso me encanta la música. Me encanta hacerla, vivirla, y por eso creo también que si yo pudiera poner un lugar, o promover un lugar, o ayudar a personas en sus lugares de enseñanza, es algo que me encantaría, eventualmente, hacer. Mi mamá se ha dedicado toda su vida… Desde que tengo memoria, me tocó verla siendo docente de música, igual que a mi padre. Entonces, creo que naturalmente iba a haber una etapa de mi vida donde esta inquietud iba a despertar en mí”.
Violeta Parra “fue alguien que buscó por su propia intuición y su fuerza, y eso la llevó a cosas maravillosas y tremendas”
CNN Chile: Y respecto a la cultura, al folclore, tú has dicho muchas veces que eres una gran admiradora de Violeta Parra y de Neruda. Tu papá te leía a Neruda cuando eras más pequeñita.
Natalia Lafourcade: “¡Sí!”.
CNN Chile: ¿Cómo ves la figura de Violeta Parra?
Natalia Lafourcade: “Para mí, ella es un referente. Es una mujer que es un referente. Siempre la he tenido muy presente. En su forma de relacionarse con la música. Creo que la Violeta no era una mujer de irse ni con las tendencias ni de ser necesariamente condescendiente. Era mucho más de ir a su adentro, a su mundo interior, a su forma de expresión, que no solamente era la música. Me gusta toda ella en el aspecto de su arte, de lo que hacía con sus manos, de toda esta capacidad que tenía de plasmar el mundo que veía, el mundo que vivía y el mundo interior que habitaba, también.
Toda su investigación con la música tradicional, con el folclore, todas esas grabaciones que hizo, toda esa búsqueda, esa valentía de irse sola a tantos lugares a investigar. Ella fue de seguir su corazón, de seguir sus inquietudes, de una enorme sensibilidad. Con eso me he identificado siempre. Creo que ha sido un referente para mí en el sentido de compositora, como cantautora, como artista. De saber que, al menos en mi caso, la forma en la que habito la música y en la que la hago… esa es mi verdad. Y yo creo que uno necesita esos referentes en el camino, en la vida, para amarrarte de algo. Para tener como tu árbol ancla. Personajes como Violeta han sido para mí el decir: “Yo puedo anclarme a mi verdad”, y bueno, pues pasará lo que tenga que pasar, ¿no? O sea, puede ser muy grande o no, pero que sea mi verdad.
Creo que ella fue una artista que se ancló a su honestidad, a su autenticidad, a su verdad. Ella no fingió y tampoco trató de ir con el deber ser, de que nadie le dijera cómo tenía que ser. Ella realmente fue alguien que buscó por su propia intuición y su fuerza, y eso la llevó a cosas maravillosas y tremendas. Es una mujer de mucha fuerza, de mucha valentía, y eso es un fuerte referente. Como para cuando tú dices: “¿Cómo armo el camino?” y quiénes son esos personajes que se convierten como en una guía, de alguna manera”.
CNN Chile: En 2013 pasaste un tiempo en Osorno y escribiste algunas canciones en Chile. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Te conectaste un poquito más con ese lado chileno?
Natalia Lafourcade: “Sí. En ese tiempo, decidí hacer un viaje con mi padre para encontrarme, para reencontrarnos con mis hermanas chilenas. Estuvimos como un mes y medio. Fue un viaje meramente familiar, de vacación, de descanso y de conocernos en ese ámbito familiar. Y bueno, llegué a Osorno, que tengo una hermana que vive allá, y fue muy bonito. Estuvimos en su casa, que ella tiene una casa en medio del campo, y ha sido maravilloso poder compartir cada vez que puedo con ella… y con ellas, que las amo, y pues que sí, o sea, son mi familia, familia.
Esto me permitió acercarme mucho a mi familia del lado de mi padre y, bueno, claro que cuando a mí me pasa que habito los espacios de la calma, del silencio, del ocio, del buen ocio, me inspiro muchísimo y empiezo a escuchar ideas, melodías y letras. Como que empieza a aparecer, como que hay algo de mí que se conecta. Como dicen: ‘Me tengo que desconectar’ o ‘me voy de vacaciones para desconectar’, yo digo: ‘Me voy de vacaciones para conectar’.
Como que, más bien, siento que la mayor parte del tiempo estoy desconectada con el mundo este de afuera. Y que, cada cuanto, me conecto con el mundo de adentro… y ahí es que se logra esa inspiración. Eso, realmente; me tocó estar allá y componer algunas canciones que grabé en el disco de Hasta la raíz“.
CNN Chile: ¿Y te gustó? ¿Solo fuiste a Osorno? Tu papá nació en Angol, ¿no has ido para allá?
Natalia Lafourcade: “No, todavía no he tenido la oportunidad. Ahora me encantaría ir a Angol, fíjate. Sí que me gustaría, como para conectar con esa parte de mi padre, que nació allá. Fuimos a muchos lugares del sur. Estuvimos recorriendo a coche muchos pequeños pueblos; fuimos a Frutillar, estuvimos en Valparaíso, Puerto Montt. Estuvimos viendo muchos volcanes, caminando mucho por los bosques. Neltume. La verdad, se dieron viajes muy lindos. Cada cuánto se da que vaya a Chile y que pueda yo tener ese tipo de viajes, que son más familiares”.
CNN Chile: Y hablando también de Chile, Mon Laferte, que es una de tus grandes amigas y también una figura muy presente en la cultura musical latinoamericana, hace poco ganó la Gaviota de Platino en Viña, que es el máximo reconocimiento del certamen…
Natalia Lafourcade: Claro, sí me enteré. Me dio muchísimo gusto.
CNN Chile: ¿Te gustaría presentarte en Viña?
Natalia Lafourcade: “Me encantaría. No se ha dado, pero por supuesto que me haría muy, muy feliz”.
Entre Palomita Blanca, El Palomo y la Negra y su pequeña Palomita de Maíz
La presencia de la paloma en el universo de Natalia Lafourcade no responde, al menos según ella misma, a una construcción deliberada. En la misma conversación con CNN Chile dice que “no ha sido una cosa pensada, o trabajada, o diseñada”, sino una imagen que ha ido apareciendo sola en distintos momentos de su vida y de su obra. La observación no es menor, porque esa figura ha estado ligada a distintas capas de su historia. Palomas blancas fue uno de los nombres que en algún momento rondó como posible título para Hasta la raíz, el disco de 2015 que marcó uno de los puntos de inflexión más claros de su carrera.
Años después, volvió a aparecer en Cancionera, con El palomo y la negra, un sencillo conectado con imaginarios populares y celebratorios de la tradición mexicana.
En ese recorrido, la coincidencia con el apellido Lafourcade y con una de las obras más conocidas de su tío Enrique resulta inevitable. Palomita Blanca, publicada en 1971, no fue solo una novela exitosa. Memoria Chilena la define como uno de los libros más leídos del país y un verdadero fenómeno editorial, con más de cuarenta ediciones y más de un millón de copias vendidas. La misma institución sitúa a Enrique Lafourcade entre las figuras más visibles de la Generación del 50 y recuerda, además, que la novela tuvo una célebre adaptación cinematográfica a cargo de Raúl Ruiz dos años después de su lanzamiento.
Natalia, sin embargo, no intenta convertir esa coincidencia en una tesis familiar ni en una explicación total de su imaginario. Al preguntarle si leyó o no el éxito literario de su tío alguna vez, no sobredimensiona el vínculo ni le saca especial provecho de marketing. Simplemente responde que “sí, hace mucho tiempo”.
Traslada explicación a la constante simbología de estas aves en su biografía, más bien, a un plano cotidiano. Habla de las palomas como una presencia habitual en los “pueblos mágicos” de México, en las iglesias y en toda la simbología asociada a la paz y a ciertas formas de espiritualidad popular. También dice que le gustan, que le llama la atención su canto y que son animales que le resultan “cercanos”.
Dice que, las palomas, “como que sin demasiado pensarlo”, han estado siempre latentes en su historia. “Quizá porque me gustan, también. Son animales que me llaman mucho; sus cantos se me hacen muy particulares. Y están muy presentes… Inclusive a mi bebé lo llamamos ‘Palomita’, ‘Palomita de maíz’. No sé, siempre está muy presente. Cuando me casé, las invitaciones, en lugar de decir el nombre de mi marido y el mío, decían El Palomo y la Negra”. Y luego eso se hizo una canción de Cancionera. Está muy presente”.
“El amor propio es la bandera que más quisiera llevar”
CNN Chile: ¿Qué te gustaría ver en las próximas voces de mujeres a nivel latinoamericano en la música? ¿Qué le dirías a las próximas Natalia Lafourcade?
Natalia Lafourcade: “Lo que le diría a las mujeres que quieren hacer sus proyectos, que quieren hacer sus caminos en la música o en cualquier ámbito es lo que a mí me dijeron algunas referencias, también, en su momento… que es muy importante creer en una, confiar en lo que tienes. Es muy importante explorar, explorarte, buscar, investigar, conectar mucho con el mundo interior y con el amor propio. Yo creo que esa es la bandera que más quisiera llevar: el amor, el amor propio.
Cancionera, por ejemplo, es un disco que habla mucho del amor propio. Habla mucho del cuidado de esa flor, la flor del ánima, en el jardín interior. Y una vez que cuidas el jardín interior, conectas con ese amor propio. Yo le digo a las mujeres que no traten de imitar a otras mujeres, que no traten de imitar a sus referentes, inclusive. Los referentes son buenísimos para decir, ‘ah, mira a esta persona, lo increíble que hizo esto’. Pero siempre, cuando se trata el camino de uno, también hay que conectar al ritmo que uno lleva, a la forma que uno tiene de hacer las cosas. A tu propio mundo. Y eso es lo que te hace especial y lo que te hace único… y lo que, eventualmente, quizás, te hace ser una persona muy cool.
Pero, en realidad, es como más el conectar contigo, conectar con ese mundo interior. Sobre todo en este tiempo, que todo va corriendo muy rápido y que la exigencia es muy fuerte ahí afuera y que eso nos puede hacer pasarla mal. Cuando, en realidad, la vida es para disfrutarla y para poder construir tu mundo interior y compartirlo con otras personas. Entonces, yo diría eso a las mujeres: que no se dejen presionar, que no se dejen envolver por lo que vemos en las plataformas o por lo que nos dicen las redes. A veces, todo eso nos dice un tipo de verdad, pero hay que indagar en nuestras propias verdades, también. No buscar la perfección como nos la pintan. Hay perfección en lo imperfecto, en lo que no está perfectamente bien hecho. Es más auténtico, más orgánico, también. Sí, yo diría eso… Porque creo que son tiempos raros, difíciles. Hay mucho contraste en cómo se nos presenta el debería ser, de una o de otra manera”.
CNN Chile: ¿Viste el Super Bowl? ¿Qué opinas de lo que hizo Bad Bunny ahí?
Natalia Lafourcade: “Verlo me hizo llorar. Me hizo conmoverme muchísimo. Me conmueve mucho ver a un artista que, con su poder de alcance, tome el mando y la responsabilidad que implica llegar a tantas personas. Un personaje como Bad Bunny, ya actualmente, llega a millones de seres humanos. Que, en este momento, en el cual estamos atravesando cosas tan rudas, tan difíciles… donde, en Estados Unidos, sabemos que hay un tema difícil y fuerte ocurriendo con la comunidad latina; en cómo está el mundo, la situación humana…
Es un evento y es un discurso político, social, dentro de un evento musical que impacta a miles y millones de personas en el mundo. Entonces, creo que habla de una valentía. Valentía como artista, también. Creo que habla de valentía y me conmovió mucho. Me conmovió mucho, porque yo me miré a mí, y yo sé que muchas personas se vieron a sí mismas en el evento, en cómo lo armó. Yo sé que muchos nos encontramos y nos identificamos con el sueño… y me hizo pensar en tantas formas del famoso sueño americano que, simbólicamente, más allá… el sueño americano es el sueño que cualquiera puede tener. Y cómo, de alguna manera, cuenta la posibilidad de alcanzar tu sueño, la posibilidad de sentirte orgulloso de ser quién eres, de dónde vienes, de tu raíz, de tu familia, de tu linaje, de tu casa, de mantener la postura y la identidad y la cara en alto y de sentirte orgulloso de eso. A mí me conmovió mucho y me dio gusto, también”.
Fuente CNN Chile











