Alex Anwandter y su primer Movistar Arena celebrando 20 años de carrera: “’Rebeldes’ es el disco que sacó del clóset a Chile”

En las oficinas de Lotus, en la Ciudad Empresarial, Alex Anwandter se instala para enfrentar una seguidilla de entrevistas en su paso por Santiago. Viene desde Estados Unidos, donde vive hace años, y su visita tiene un motivo claro: marcar el puntapié promocional de sus 20 años de carrera con un concierto fijado para el 29 de agosto, que —según se confirmó— será en el Movistar Arena a capacidad completa, sin reducciones ni formatos intermedios.

Las entrevistas ocurren en una sala con vista a la bajada de La Pirámide. Desde ahí se ven edificios corporativos, pero también un potrero con caballos que galopan. Anwandter mira por la ventana. Viste pantalón oscuro, camisa azul y anteojos de sol.

Las ruedas de prensa suelen ser repetitivas. Periodistas de distintos medios formulan preguntas similares y muchas veces depende de cuánto quiera el entrevistado salirse del libreto. Anwandter tiene fama de duro y difícil. Acá no se ve así: responde sin esquivar. Está risueño y sonríe constantemente en medio de las preguntas.

—Sé que tengo esa fama, pero no sé por qué —comenta—.

¿Cómo te sientes con esta forma de celebrar o conmemorar tus 20 años de carrera?

–Me siento bien. Tengo recuerdos muy lindos de ya etapas que son bastante distintivas entre sí y, sobre todo, cuando han pasado tantos años, también son muchos años de relación con el público que ha ido como acompañandome. No sé, imagínate gente que ha ido 20 años a conciertos míos, es un montón de tiempo. Me dan ganas de celebrar esa relación, por sobre todo.

Yo la primera vez que vi un álbum tuyo fue cuando estaba en el colegio y un amigo llevo “Rebeldes“, justo era como su periodo de salir del clóset y ese disco fue un acompañamieto. Me imagino que ese tipo de historias la has escuchado por miles ¿Qué significa ese disco para ti?

–”Rebeldes” es el disco que sacó del clóset a Chile (risas). Es lindo, es súper lindo. Porque ese tipo de reacciones, de comentarios, son algo que me ha hecho entender de qué se trata mi trabajo, en el fondo, y de sentirme satisfecho con mi vida, porque es algo muy potente. O sea, yo descubrí que para mí hacer canciones era como extender una mano en un vacío a ver si alguien la tomaba, pero desde un lugar muy genuino y muy vulnerable. Y ese amigo tuyo, en el fondo, es la persona que me toma la mano y donde uno se conecta. Las canciones son como eso. Y al final es una red de conexiones que se producen y se termina haciendo como algo medio social, es como el rol un poco de la música, me parece.

–¿Cómo fue para ti hacer ese disco después de tener una etapa en Teleradio Donoso que era más…

–¿Heterosexual? (interrumpe riendo)

–Sí, más heterosexual.

–Y sí, yo también era más heterosexual, qué sé yo. Fue un descubrimiento para mí, el “Rebeldes”. Justo para mí ese disco, como el gran avance y quiebre que tiene con mi trabajo anterior, es como haber aprendido a hacer esa conexión a mi vulnerabilidad de una manera mucho más profunda de lo que lo había logrado antes. Y es una cosa que no se desaprende realmente. Es una manera de conectarme conmigo mismo que se ve reflejada en mi conexión con el público. Entonces es un disco que, si bien ya tiene bastantes años, es un disco súper importante para mí por eso.

Leí en los comunicados que han mandado que en tu show tocarás canciones de Teleradio Donoso, pero también en una entrevista dijiste que “no volverías con esa polola”. ¿Estás reconciliado con esa etapa? ¿Te gusta? ¿Tocarás esas canciones para satisfacer al público?

–No. Al día de hoy todo lo que hago me gusta hacerlo desde un lugar súper sincero y por eso muchas veces en mis conciertos faltan canciones que a gente se le hacen como medias esenciales de mi discografía. Y es como un sacrificio, como una negociación que tenemos ahí con el público. Pero las canciones de Teleradio que incorporo en mis shows también las escribí yo y algunas me gustan. Otras ya casi ni las considero mías.

–¿Cómo es eso?

–Sobre todo una, que se llama “Amar en el campo”. Siento como que ya ni la escribí yo, es como de otra persona: de la gente, y la canto como que entra una torta de cumpleaños, pero es algo que me gusta hacer, pero más por ellos que por mí, esa sí es por eso.

–Esa canción en la Blondie o en fiestas suena y se corea ¿Te molesta el contenido de la canción?

–Ahora que lo pienso nomás, me parece, porque está más cercana a sentimientos del público que a sentimientos míos. Esa canción la escribí en el 2007, hace 19 años, es un montón de tiempo. No soy otra persona, pero sí soy otra persona también.

Alex Awandter: “Mi música ha reflejado progresivamente mis ideas como persona, como ciudadano, y desde un lugar más de cuestionamiento, quizás también sufrió de ponerse más discursiva en cierto minuto del estallido”

Más allá de tu faceta musical, muchos celebran tu capacidad como productor. ¿Qué tan importante ha sido para ti esa colaboración más anónima?

–Ha sido muy importante porque me ha hecho muy feliz. Quiero decir, para mí producir es algo súper lindo. Te lo voy a decir de otra manera, cuando me produzco a mí mismo estoy mucho más inseguro, no sé cuáles son mis buenas ideas y cuáles son mis malas ideas. Es como una doble verificación. Claro, soy como yo pensando en todo y, en cambio, cuando produzco a otro, es como puro todo el placer de hacer música y de estar en el estudio y de estar con amistades también. La verdad es que trabajo mucho con personas que son amigas mías de antes. En general intento hacer eso. Y eso se ha traducido como en una serie de proyectos que se nota que han estado hechos con mucho cariño y mucha amistad genuina y tiene como otra recepción, me parece.

— Si pudieras nombrar algunas de esas colaboraciones para quien no conoce esa faceta tuya.

— O sea, he trabajado con varias amigas mías que son artistas que admiro mucho. Las tres que nombraría primero son Juliana Gattas, de Miranda!, y Julieta Venegas, y después hay otra artista de Argentina que se llama María Wolf, que también le produje su disco. Y cada una de esas amistades, que también son amistades artísticas, se han traducido como en unos objetos súper lindos que aprecio desde otro lugar.

“Me han enseñado, medio mamón lo que voy a decir, pero el valor de la colaboración. Quiero decir, es muy lindo no decidir todo y confiar y, sobre todo, confiar en gente que uno admira. También, no sé, es bastante fácil cuando estás trabajando con Julieta Venegas y vas y traes una canción que está como buenísima y es como, ah, bueno, Julieta Venegas, qué buena te quedó tu canción. Después me doy cuenta, claro, ah, Julieta es como medio genia. Pero me cuesta mucho separar esa cosa emocional de amistad de la cosa musical. Y la verdad no veo la necesidad de hacerlo”.

Te quería preguntar por la época estallido social. Hay gente que iba a las marchas y terminó votando por

–¿Y qué dicen? perdón que yo te entreviste.

–No creo que haya habido concepción política partidista en su protesta.

–Era más insatisfacción.

–Bueno, también hay gente que desconoce su participación, está la idea de que el estallido no envejeció tan bien. ¿Qué piensas tú de esa época y de tus composiciónes?

–O sea, puedo entender esa visión en el sentido de que el estallido fracasó, no cumplió su propósito. Pero el esfuerzo no es menos válido por haber fracasado. De hecho, me parece que, como lo veo yo, esas demandas siguen intactas y se desarticularon en distintas etapas. Primero, se intentaron desarticular reprimiendo y no funcionó. Y después con las dos asambleas, que fueron como medias circenses, por decirlo de alguna manera, y luego con reformas de gobierno y luego el péndulo se fue hasta el otro extremo.

“Pero esas demandas del 2019 no eran del 2019, venían desde los 70. En democracia yo me acuerdo, o sea, yo tengo el recuerdo de haber ido participando desde el 2006 más o menos, que empezaron lo de los pingüinos. Era todo tipo de áreas de la sociedad estaban atrapadas en la imposibilidad de autodeterminarse por las trampas de la dictadura y eso sigue ahí. Entonces, si bien se desarticuló y se desinfló un poco el ánimo combativo, las demandas aún están intactas, yo creo que es inevitable que vuelva a surgir eso”.

¿Cómo analizas el péndulo político actual?

–Me parece normal, o sea, tiende a funcionar así, las cosas como la historia, por decirlo de alguna manera. Y me parece que estamos en una época no muy generosa con el análisis del estallido. Quiero decir, en Argentina tenían unos memes un poco graciosos que decían que Millei salió electo porque demasiada gente había querido decirle “elle” a su gato. Es un chiste, obviamente, pero se puede entender que la política es una especie de consenso de extremos. Y uno de los pasos en que ese estallido devino circense fue quizás no considerar que parte de la sociedad es extremadamente conservadora y hay que incorporarlos también, de alguna manera. Probablemente educarlos también, pero no hay que demonizarlos.

¿Sientes que tu música abre ese espacio o no te interesa incluir o “educar” como tu estás plantenando?

–Quizás educar es una mala palabra porque suena medio condescendiente. Yo siento que mi música ha reflejado progresivamente mis ideas como persona, como ciudadano, y desde un lugar más de cuestionamiento, quizás también sufrió de ponerse más discursivo en cierto minuto del estallido y pudo ser un error.

Mi compañero que te hablé al principio ya tiene más de 30. Y ahora hay una nueva generación que te escucha. No sé si te sientes…

–¿Viejo? Ja,ja,ja.

Vintage diría yo.

–Es como escuchar a los Smiths, una cosa así. Me parece fantástico. A mí me encanta estar más viejo. Me siento mucho mejor conmigo mismo. Y es como una cosa media nueva para mí lo que me estás preguntando, porque lo empecé a escuchar hace no tanto. Tampoco vivo en Chile hace muchos años, entonces. Empecé a escuchar historias así tipo, alguien me dice, oye, sí tengo alumnos de 18, de 17 que escuchan Teleradio, y yo pienso como, ¿qué? Cómo, ¿por qué? No entiendo.

¿Te gusta que convergan públicos?

–Igual mi público ha sido desde hace muchos años muy amplio y siempre me he sentido súper orgulloso de eso. O sea, tipo como de muchas edades y hay como varones bien heterosexuales que les gusta Teleradio y hay otros como súper gays y todo entremedio. Y al final me parece que lo que prima es como esta sinceridad, autenticidad, comunicación, vulnerabilidad de la que estábamos hablando hace un rato, por sobre los discursos, y eso se me hace como el centro real de mi trabajo.

En el show, ¿habrá momentos más emocionales además de lo bailable?

–Sí, como que en cierto minuto de mi vida se me ocurrió esa cosa de bailar y llorar y como que no pude escaparme más de ese concepto, como que me persigue creativamente. Y me parece bien. O sea, está bueno con dar algo que sea de uno y que sea medio inevitable.

–¿Y ahora estás en una etapa más de llorar o de bailar?

–Las dos, siempre. Bailar llorando, llorar bailando.

Fuente The Clinic

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