Julieta Venegas habla de su debut literario: “No tengo nada claro con el amor, pero sí es un tema que ha estado presente en mis diarios y mis canciones”

Es difícil hablar de Julieta Venegas sin detenerse en el amor. Su música —a veces melancólica, otras luminosa— ha girado siempre en torno a esas emociones. Ese mismo eje atraviesa Norteña, su debut literario, escrito en paralelo al disco del mismo nombre.

“Norteña es un libro que fui escribiendo a medida que avanzaba el proceso creativo del disco que lleva el mismo nombre. Las intuiciones artísticas de Julieta Venegas no ocurren en una sola línea, sino que pueden tener una variedad de expresiones. El disco que estoy preparando es una recreación de mi memoria musical, de mi vida en el norte de México, esa tierra de mis raíces, un trabajo que representa una vuelta a mi familia y a los sonidos de mi infancia”, dice Venegas.

El libro ,publicado en España y Latinoamérica a través de 5 editoriales independientes –La Pollera Ediciones en el caso de Chile–, funciona como un registro autobiográfico que recorre desde su infancia hasta la publicación de su primer disco. Parte en una casa en Tijuana, en plena frontera entre México y Estados Unidos, un territorio que estructura el relato. Ahí aparecen también las figuras que la marcaron: la severidad de su padre y la presencia de su madre, una mujer cercana al canto que proyectó en su hija una vocación que ella no llegó a desarrollar.

En ese contexto, Venegas reconstruye escenas personales y dolorosas. Afuera de unos edificios en Tijuana, recuerda el vidrio empañado de un auto: ella y su hermane con sus parejas adolescentes, interrumpidas de pronto por el golpe de un hombre en la ventana. Un hombre las mira decepcionado, es su padre y ejerce sobre ellas un castigo ejemplificador.

En su casa no había grandes conversaciones sobre el amor o el cuerpo, sino un cassette. Una grabación que su papá hacía sonar una y otra vez: una conferencia donde una voz de un hombre advertía sobre los peligros del deseo, sobre lo que podían y no podían hacer las mujeres, sobre lo que los hombres buscaban. La cinta giraba y volvía a empezar, y las hermanas Venegas debían transcribirlas una y otra vez, como si en esa repetición estuviera la manera de fijar una idea conservadora.

Con el tiempo, esa rutina se volvió insoportable. Hasta que un día, entre rabia e incomprensión, Julieta y su hermana tomaron la cinta, la desenrollaron con las manos y la destruyeron. Criada en un ambiente conservador Julieta Venegas supo rebelarse a su forma, con elegancia, con cierto decoro. En las páginas de Norteña queda esa idea permanente: es imposible ser un artista sin rebelarse.

Y es esa revelación, mezclada con la elegancia propia de Julieta Venegas la que parece definirla. La misma chica que debutó en 1998 con el disco Aquí, donde se ve su rostro fuera de foco con un aro en la nariz, labial y sombra negra, es también la niña que aprendió tocar el piano con clases con una profesora clásica. “Me sigo sentando derecha en el piano, como aprendí cuando era niña”, escribe en el libro.

–Siento que hay una forma media barroca de tu crianza que se mezcló con tus años más noventeros, más grunge ¿Cómo ves esa unión de esos dos mundos en tu trayectoria y en tu libro?

–Son diferentes caras de lo mismo, yo no sé separar una cara de la otra. Siempre he sido muy de mezclas. Crecer en la frontera tiene algo de la mezcla, de estar mezclando dos cosas muy distintas que funcionan juntas porque así son. No es que llegaste un día a entenderlo y funciona ser fronteriza. No, es que así crecí. Crecí con muchos contrastes y eso lo digo en el libro. Soy una mujer de Tijuana que creció en un colegio con cierta educación y después siento que he sido otras cosas: tocar en mis bandas, juntarme con mis amigos.

–¿Cómo era eso?

–Muy chistoso, la gente de Tijuana me decían que me vestía como viejita. Íbamos a las segundas (tiendas de segunda mano) y cada uno escogía su ropa. Yo escogía cosas que nada que ver. Iba a mi aire, siempre me salió natural ser yo misma, nunca me pregunté por qué era de una manera o de la otra.

–¿De dónde aparece la idea de este libro?

–Yo hace varios años que tenía la idea de escribir algún tipo de memoria, pero siempre me quedaba más con hacer otro disco. Pero cuando empecé a hacer este último disco que se llama Norteña, empezó a convertirse en una especie de memoria músical. Parecerse a lo que yo sentí en mi infancia y adolescencia. Entonces empezó a entrar a posibilidad de hacer un texto y lo hice todo en paralelo. Escribí el disco e hice la memoria. Si soy honesta pensé que sería un gran proyecto que no iba a terminar, pero se fue dando y llegamos con todo y sale todo ahora en mayo.

–En el libro dices una frase bonita que dice que el mejor amor es el que tiene una semilla de transformarse en amistad. Pero al mismo tiempo no hablas de tu primer amor que está muy ligado a Chile con Álvaro Henriquez. El año pasado vimos en REC una demostración de esa amistad ¿Por qué quedó fuera ese momento?

Pues porque no llegué a esa parte. Cronológicamente llegué hasta mi primer disco y ahí aún no conocía a Álvaro (se casaron en 1998). Hay un montón de idas y vueltas en que aparecen momentos que son de después, pero si me parecía importante mantener cronológicamente antes del disco.

–¿Cómo fue ese encuentro?

Nos vimos con Álvaro el año pasado. Fue muy bonito, hace muchos años que no nos veíamos. Yo no sé cuándo había sido la última vez que lo había visto antes de eso, habíamos hablado. Alguna vez nos habíamos conectado, no se incluyó solo porque no llegué cronológicamente.

–¿Cuál es la importancia del amor en el libro?

– Del amor hablo mucho porque también hablo mucho de amor en mis canciones y están muy presente. Yo tenía muy presente la idea del “quisiera meter de alguna manera”, pero tampoco ser tan vaga, sino expresar mis pros y mis contras con el amor, mi relación tratar de expresarla. Lo primero que digo es justamente que no tengo nada claro con el amor, pero si es un tema que ha estado presente en mis diarios y mis canciones, entonces algo tenía que aparecer sobre ese tema.

–Tu nombre siempre suena en Viña del Mar, han pasado 21 años de tu presentación ¿Te ves en Viña de nuevo?

–Me encantaría volver a Viña, totalmente. Siempre todos los lugares en que he ido a tocar a Chile han sido muy memorables. Viña fue para mi una experiencia de la que no entendía nada, pero es que la verdad la gente es muy divertida y el Festival está buenísimo. Así que espero volver.

Fuente The Clinic

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