“Voy a estar 100% feliz cuando logre bajar de peso”, “sacando mi título puedo estar feliz”, “cuando me jubile voy a poder ser feliz leyendo”. Esas son algunas excusas que ponen las personas muchas veces, donde posponen su propio bienestar a ciertas circunstancias. Este comportamiento recibe el nombre de Síndrome de la Felicidad Aplazada.
La académica de la Escuela de Psicología de la Universidad de Los Andes, Romina León, explicó a The Clinic que “el Síndrome de la Felicidad Aplazada describe un patrón de comportamiento que se caracteriza por la tendencia a postergar el bienestar y la alegría en condición del logro de ciertas metas. De manera, que las personas viven con la ilusión y la expectativa crónica de la llegada de un estado de felicidad que se vuelve inalcanzable“.
“Es distinto de la postergación de metas en que en este síndrome lo que se posterga está relacionado con la vida afectiva la cual se condiciona al logro de las metas a partir de la distorsión cognitiva o falsa creencia de que la felicidad es un estado que debe alcanzarse o merecerse”, agrega.
También afirma que “habitualmente este síndrome se presenta en personalidades hiperexigentes y/u obsesivas. También se puede presentar en personalidades con tendencia a la culpa ya que ellos viven en un “estado de penitencia” con una sensación de no ser merecedores del goce o el placer”.
Las consecuencias de la felicidad aplazada
La académica recalca que “este patrón de comportamiento puede tener consecuencias en la vida afectiva de las personas quienes tienden a desarrollar un comportamiento perfeccionista, hiperexigente con ellos mismos y con su entorno y una vivencia de insatisfacción permanente que ‘justifican’ en la idea de que no han logrado o no tienen lo que necesitan”.
“También pueden desarrollar un estado de expectación ansiosa o eventualmente síntomas de ansiedad en episodios críticos o situaciones de frustración. Otra consecuencia que se puede presentar es centrar la percepción de la vida y la situación personal en el mundo externo y no en el mundo interno de la persona, de manera que los problemas encuentran solución en causas externas o materiales y no en ellos mismos”, añade.
Asimismo, plantea que “las personas con el Síndrome de la Felicidad Aplazada tienen dificultad para disfrutar lo que tienen en el presente. Viven orientadas al futuro por lo que no logran conectar con lo que la vida ofrece hoy, perdiendo la oportunidad de ser felices. En el fondo estas personas creen que la felicidad es un estado que se debe alcanzar a diferencia de personas que viven y practican la felicidad como un estado de gratitud respecto de lo que la vida ofrece hoy. Por otro lado, hay personas que en el fondo viven con una íntima y profunda desvalorización personal que los hace vivir esforzándose para lograr merecer el bienestar o la felicidad”.
Estrategias para abandonar este comportamiento
León entregó una serie de consejos para que las personas que sufren este síndrome puedan abandonarlo con pequeñas acciones:
- Conectar con el presente: volcar la atención a la situación vital de hoy considerando las dificultades, pero también todos los aspectos positivos que existen en la propia vida
- Practicar la gratitud: habitualmente estas personas dan por sentado todo lo bueno que si poseen. Relaciones humanas, un techo, alimento, un trabajo, etc. El detenerse a pensar que nada de esto está asegurado y que podría no estar fomenta la valoración y la gratitud.
- Establecer metas realistas y diferenciar metas pequeñas, de corto, mediano y largo plazo.
- Disfrutar el proceso: intencionar el goce en el camino hacia las metas.
Fuente: The Clinic











